miércoles, 25 de abril de 2018

Cristina Cifuentes dimite




Creo que la persona más fina y delicada en esta guerra mediática desatada contra Cristina Cifuentes ha sido Pablo Iglesias cuando al relatar el vídeo que Eduardo Inda, director de OK “Corral”, ha colgado sobre ella ha afirmado que lo visto por él, en esa copia que no debería ya de existir, no es un hurto sino más bien una pulsión, conocida por cleptomanía, y que cualquier otro hecho realizado por la ex presidenta, menos el que recoge el vídeo de su muerte política, sería merecedor de su dimisión.

          Esta ñoña sensibilidad que aflora por los viejos poros de mi piel me impide alegrarme de último puntillazo dado a Cifuentes con una crueldad innecesaria cuando ya agonizaba políticamente por el caso del fraudulento máster y el desgarro producido en la Universidad Pública; eso de que nada que objetar a la libertad de expresión, y menos en la prensa, es un cuento como la copa de un pino.

          No son de fiar los macarras periodistas que publican, amparados en esa libertad, vídeos o documentos ilegales y que manifiestan, caso de Inda, que los han recibido de un “señor” o “señora” que pasaba por allí y tenía una copia, ilegal por cierto, y que le ha dado el “filón de mierda” porque le resultan muy agradables las intervenciones de Inda en la Sexta; nos toma el amigo Eduardo por borricos.

          Dicho lo anterior, siento bastante la falta de finura y cintura política de Cristina Cifuentes que se ha hecho acreedora, no por su cleptomanía, a su propia dimisión por haber faltado a la verdad en el caso de su fantasmagórico máster y haberse valido del poder que ostentaba para obtener un título como cualquier hijo de vecino o estudiante universitario.

          Y que conste que todavía colea el tema.

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