lunes, 16 de abril de 2018

Aguanta, Rajoy, aguanta



Despierto de mi sueño de muerte y encuentro una España peor que aquella que dejé; dan ganas de volver al regazo de lo inaccesible y dejarse nuevamente acariciar por la sombra que no termina de cuajar.

          Mariano Rajoy, con sus defectos como todo ser humano que en él tienen un significado especial por el cargo de responsabilidad que ostenta, se ha convertido en el vértice de todo el odio que los agitadores políticos van creando en su persona como culpable único de todos los males que asolan a esta nación llamada España; falta encontrarle un máster obtenido de mala manera para terminar con él, aunque con sus oposiciones ganadas a pulso para ser Registrador de la Propiedad le sobra.

          No existe nada en España de lo que no sea culpable según algunos profesionales de la difamación, y por ello tiene que aguantar lo indecible no sea que se nos vaya o acabe herido de muerte y caiga sobre otros -políticos, pueblo y masa- el furor de la venganza.

          El pueblo anda enardecido pues no hay plaza, pueblo, ciudad, u organismo que no pida su cabeza o que no haga del insulto la única arma de “raciocinio” para que ascienda a su particular Gólgota; y además no existe posible diálogo ni defensa que valga pues hasta los suyos, un día sí y al otro también, son memos -con perdón- incapaces de ofrecerle su palabra para mostrarle su ayuda.

          La oposición, toda ella -incluida Ciudadanos-, tiene como único objetivo entrar en su caladero de votos para irlo descuartizándole políticamente. Una nación, España, que depende de cinco votos para sacar adelante sus cuentas del año y que nos alegramos de hundirla entre proclamas y odios simulados políticamente puede convertirse en el hazmerreír de todo el mundo.

          Por ello, aunque parezca no muy grato el airearlo habrá que decir: “Aguanta, Rajoy, aguanta



2 comentarios:

  1. Deja a esa sombra que no cuaje, corazón, que yo me alegro de buscarte y encontrarte en tu Copo. Gracias y besos.

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  2. En ello estoy querida Ana, y contra vientos y mareas alzo mi pluma, hoy teclas, para airear mis pensamientos.

    Siempre tuyo en la triada de ósculos que van y vienen.

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