miércoles, 10 de enero de 2018

Treinta y dos, rojo, par y pasa




Los juegos en el casino son tres: la ruleta (francesa o americana), el blackjackt y el chemin de fer (bacarrá); el resto es basura si los hubiese. La trinidad citada son juegos de azar (suerte), pues en los casinos no se ejerce el juego madre, el póker, por ser de corazón; de los tres, la reina del casino es la ruleta.

          Afirman los expertos, los Pelayo por ejemplo, que el número que más se juega en la ruleta es el 32, bien por estar situado en la ruleta junto al maldito 0, o bien porque por su situación en el paño se “mete” por los ojos.

          A un servidor de ustedes-vosotros le agrada, de manera maníaca el azar. Los que creen conocerme bien, Sarria, Lomas, etc., saben que no estudio de forma predeterminada mi destino, sino que todo lo dejo al azar de que la bella melodía de la bolita de sauco pose su danza en el número que desee y así, unas veces ganado y la otras perdiendo, soy víctima o ganador del azar de la ruleta de la vida.

          Mis pies, soporte de mi persona, habrán penetrado unas doscientas veces las puertas de algún que otro casino. Unas veces he perdido y la mayoría de ellas he ganado, pero siempre he disfrutado ya sea jugando, o viendo jugar a otras personas cantidades inmensas de “pelas” o euros; por ello pueden deducir sin miedo a errar que soy un jugador, calificativo que me encanta y del que nunca rehuiré.

          Viene esto a cuento porque mi adorada hija “amenaza” con pasar este fin de semana con nosotros los ancianos y, sabiendo ella que dejé la licencia de matar -el coche a mi edad-, me ha propuesto llevarme al casino Torrequebrada el viernes por la noche, sabedora ella que me agrada el entorno que adorna una noche de posible vértigo, y que ya me quedan pocas por vivir.

          Creo, no lo puedo afirmar, que amagaré con su propuesta de fin de semana pues tal vez lo mejor será degustar una buena carne en el Papulinos de la calle Don Cristián ese viernes noche, pero agradezco su finura de espíritu y no la de aquellos que envían emisarios para firmar una paz cuando, no lo comprenderán jamás, no estoy en guerra con nadie, a no ser que solamente lo esté conmigo.

2 comentarios:

  1. Qué bien lo he pasado contigo en el casino de Montegordo y aquella vez que había un ciego jugando al blackjack ¿en Benalmádena? ¿Te acuerdas? Me quedé flipado, jajaja...

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  2. Lo pasamos muy requetebién... lo que no recuerdo es lo del "ciego"... pero todo es posible, más si tú lo dices, en el Casino de aquellos tiempos donde todos eran caballeros y señoras... y nadie engañaba a nadie.
    Besitos, Salva, querido Salva...

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