martes, 16 de enero de 2018

De vivencias con Garrido Moraga, Antonio




Antonio Garrido Moraga se nos ha ido a los 63 años de edad y con su marcha a lo ignoto ha dejado un vacío cultural insalvable en Málaga, Andalucía y España. Actualmente era parlamentario andaluz, pero había ostentado, en política, los cargos de Concejal de Cultural del Ayuntamiento de “esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia” y director del Instituto Cervantes de Nueva York. De una cultura prodigiosa, era capaz de inventarse un discurso, sin papeles de por medio, sobre cualquier cuestión que se le presentase; cofrade de cabeza y corazón era famoso en Málaga por sus pregones sobre la Semana Santa, razón por la que ha dejado un reguero de lágrimas al saber ella de su fallecimiento.

          Asistí con él y González Vera a Granada, hace más de veinticuatros años,  para crear la Asociación de Críticos Literarios de Andalucía en un acto multitudinario; con la elección de Antonio Hernández como presidente de la citada asociación, compartí con Garrido Moraga cargos de responsabilidad en la primera Junta Directiva, él como vicepresidente y un servidor como vocal adjunto a la presidencia. Juntos vivimos años de penuria e inmensa alegría, noches de frío en Arcos de la Frontera que se tornaban cortas por las mil y una historia que contaba el bueno de Antonio entre aquel grupo de escritores ilusionados por colocar a Andalucía en el lugar que se merecía en el mundo de las letras españolas. Y lo conseguimos; él ha muerto ejerciendo aún su cargo con el nuevo presidente, Morales Lomas y yo tuve que dimitir del mío por cuestiones de “tensión”, aunque sigo vivo.

          También hemos fomentado buena parte de la cultura malacitana y andaluza ejerciendo ambos como Patronos de la Fundación Unicaja, entidad esta que, en silencio y sin algaradas, puede considerarse el mayor Mecenas del edificio cultural andaluz; en las reuniones y posteriores almuerzos que sosteníamos me he deleitado con los diálogos culturales del maestro Manuel Alcántara -también Patrono- y Antonio, junto con otros contertulios con los que compartíamos mesa y copa.

          Sin llegar a ser grandes amigos y por ello sin conocerlo en su sagrada intimidad, puedo afirmar que nos ha dejado una “pieza” fundamental en la arquitectura de la cultura malagueña.

          Nos veremos, Antonio, nos veremos.



         

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