sábado, 25 de marzo de 2017

Examen de conciencia sin propósito de la enmienda




Pues sí, podría afirmar que mi vida -no la existencia- se ha sustentado sobre tres pilares, a saber: evangelio, política y literatura.
         
         El conocimiento y vida del evangelio -no de la religión- supuso para mí un cambio profundo de mentalidad. De repente, no se trata ahora de explicar los motivos, entre varias personas descubrí –descubrimos- el auténtico credo de Jesús de Nazaret: el llamado Sermón de la Montaña. Más tarde la Iglesia impuso otro credo bien diferente, el que se lee y practica por muchos en la Misa dominical y que vino a velar, ocultar, el auténticamente sencillo y que está por estrenar, ese que se podría definir en palabras del “nacido en Belén” con estas palabras: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Esta enorme diferencia entre lo que se dijo y lo que se hace me distanció enormemente de aquel ideal por el que luché.
          
       Tal vez por ello -y yo que sé- me enganché a la política creyendo que esta sociedad anónima podría convertirse en algo más humana y tangible con capacidad de que tus problemas eran los míos y estos, tuyos; pero que va, el llamado Congreso de los Diputados era, y por desgracia sigue siendo, una nueva Torre de Babel en la que cada “grupo” de intereses iba a lo suyo; fue por ello que decidí optar por los más débiles  y me incorporé con lo que me quedaba de evangelio, o sea, de utopía, a los más necesitados: mis hermanos andaluces. Caí en desgracia porque descubrí que cada grupo andaluz, incluido por el opté, tenía su propia quijada cainita y blandiendo la misma cercenaba cabezas ajenas y propias, y viví mi desierto.

Llegué a descubrir un oasis, columnas de opinión y poesía, pero resultó que todo fue un espejismo en el que las quijadas seguían operando de la misma manera: cortando cabezas fraternas con tal de emerger de la “ciénaga” de la utopía para encaramarse al “cielo” del poder y reconocimiento de los todopoderosos.

Y aquí me encuentro a los ochenta y un años, más solo que nadie sabiendo que me quedan, si las cosas transcurren de manera normal, dos o tres espacios de trescientos sesenta y cinco días.

¿Y qué hago? ¿Cambiar o denunciar? ¿Siendo yo o uno más de los elegidos por el dedo índice de los que todo lo pueden?

Digamos como Charles Chaplin: “Sé tú e intenta ser feliz, pero sobre todo: sé tú

O sea: intentaré ser yo, sin propósito de enmienda.

viernes, 24 de marzo de 2017

¡Oh, Susana!




En uno de los pasajes que narra un evangelista  afirma que, tras un milagro realizado por el nacido en Belén, “… al Maestro le siguieron mujeres, entre ellas Susana”, y ya no se vuelve a nombrar más a la citada señora; poco, pues, se sabe de ella y si a un servidor le hubiese dado en alguna ocasión por escribir un novela de ficción es seguro que hubiese tenido como título “Susana” y habría intentado narrar una relación posible entre “el gran judío” y la dama en cuestión.
         
 No podemos decir lo mismo de la Presidenta de la Junta de Andalucía, Susana, que en un plazo inferior a cuarenta y ocho horas va a presentar su candidatura a las primarias del partido socialista para hacerse con su Secretaría General y, lógicamente, optar a la Presidencia del Gobierno de España.
          
De Susana sabemos que es “hija política” de Griñán, catequista cuando jovencita en la barriada de El Tardón (Triana, Sevilla), que cuando alcanza un puesto “no promete” sino que jura, que le costó lo suyo obtener la Licenciatura en Derecho, que es bética y que está casada con un “seco” que vive, o ha vivido, de los Cursos de Formación.
          
Exceptuando al ya casposo alcalde de Dos Hermanas, que le ha salido “rana” y “pedrista”, domina los hilos del aparato socialista andaluz, el más poderoso de España, y por ello casi tiene ganado el proceso de primarias, lo que no quiere decir que no existan tabardillos propios, andaluces, y foráneos que intenten hacerle la pascua, pero ella, como tantos otros andaluces es amiga de la emigración, en este caso política, e intentará tomar las Villadiego para conseguir instalar sus posaderas en La Moncloa envuelta en la bandera nacional.
          
Personalmente, ya saben, me importa un rábano que una bética se nos vaya “pa” los madriles, lugar donde se cuecen las limosnas que vienen para Andalucía, pero sería muy bueno y loable por su parte que anunciara ya la supresión de la injusta Ley de Sucesiones con la que se grava por segunda vez el sudor de los muertos.


miércoles, 22 de marzo de 2017

Taberna El Mentidero





Hacía unos cuantos años que no asistía a una reunión de personas con vocación de ser poetas y con amor a la poesía; hace años que me desterré de tales eventos por sentirme traicionado por algunos que hoy presumen, pobres de ellos, de ser vates con méritos y condecoraciones que se reparten entre sí, y también puede ocurrir que la causa de mi alejamiento de las pomposas reuniones de los que ostentan grandiosas biografías y muy pocos versos con auténticos “pellizcos que lleguen al alma” sea la edad avanzada que sostengo con mis frágiles piernas; vaya usted a saber.  

Lo cierto es que gracias a Isabel Romero, amiga de antaño y ahora, en cuatro ocasiones he vuelto a bajar la Tribuna de los Pobres para asistir a tales reuniones. Esta que les narro era medio íntima, o sea, poca bulla y ansias de saber algo más. Tal vez fue esa la causa por la que acepté la invitación de ella, Isabel, y me acerqué a “Taberna El Mentidero”, sito en calle Sánchez Pastor, que haciendo honor a su nombre es un castizo lugar donde conversar y vivir una buena tertulia.

Éramos, si no recuerdo mal, Filomena Romero, Dani Moscugat, Alfonso Millán Quintana, Mawi CaTo, Rafael Gutierrez Montes, Juanjo Almeda, Isabel Fernández, Pilar Real, el que escribe estas líneas y la “jefa” en potencia.

No leímos poema alguno, tampoco se batieron palmas, la mayoría bebió agua y un servidor se “sopló” un dorado JB; estuvimos hablando de poesía, mundo literario, también del “mundillo”, de la Málaga literaria, de la poesía rimada y la del verso libre, de la música y de nuestras cosas que, por regla general son las de todo el mundo porque el que desea ser poeta es una persona más dentro de esta mundo anónimo al que denominamos sociedad.

Pasé un buen rato, recordé otros momentos, me sentí acogido por ellos y, durante ese rato, los amé; después llegarán hechos normaletes que conseguirán que olvide el acontecimiento de practicar sin perogrulladas “el humanismo solidario”, o sea, el de apoyarse el uno en el otro para seguir siendo y, esencialmente, sintiendo.

Que Dios, si existe, os lo pague; gracias

martes, 21 de marzo de 2017

De misas, capellanes y más sandeces




Que conste que cuando en el título de este “copo” escribo “… y más sandeces” no estoy afirmando que lo de “misas y capellanes” lo sean sino que para Pablo Iglesias, su novia Irene Montero y el gobierno en la sombra de “Podemos”, entre los que se encuentra don Julio, el general de las cuatro estrellas, y el señor Monedero lo son, cosa bien distinta.
         Fui, como persona nacido y criado en el nacional-catolicismo, hombre que durante un cierto tiempo supe de misas con el cura vuelto de espalda a los santos fieles que acudían al acto religioso, aunque hoy día, seamos sinceros, hace años que no acudo a este acto; lo que no quiere decir que no viva de eucaristías a diario, ya saben, santos grupos de amigos que nos reunimos ante una copa de alcohol, menos dulzón que el rociado en el copón, y ante el que compartimos el sacramento de la amistad aliñado, de vez en cuando, con alguna dosis de amor, amistad, y que durante el transcurso del mismo ofrecemos y consagramos el amor que nos profesamos como auténtico vehículo en el que hacemos gala de lo que nos une y desune, y que al finalizar el mismo, beodos ya de tanta amistad, deambulamos hacia nuestros domicilios deseándonos paz y salud para volvernos a ver el próximo día.
         Ahora bien, respeto total y admiración hacia todos aquellos que viven, cada cual a su manera, la misa dominical pegados a TV2 bien por vagancia de ir al templo más cercano o encontrase inhabilitados por enfermedad y, por ello, se encuentran felices de formar parte virtual, pero real, de los que creen en el precepto de “ir a misa todos los domingos y fiestas de guardar”.
         Ha conseguido “Podemos” y su jefe y jeque Pablo Iglesias que la misa que retransmite TV2 multiplique su audiencia, con lo que ya es público y notorio que la denominada derecha católica ya sabe de redes sociales y que Dios, si es que existe -Manuel, que conste, que sé que existe- ha multiplicado el “haced esto es memoria mía” `por el infinito.
         Ahora el “cuatro estrellas” desea abolir, si llega a gobernar algún día, que los capellanes del ejército desaparezcan por lo que los “caballeros y pecadores legionarios” -novios de la muerte- quedarán sin un resquicio de caricia cuando el enterrador de turno, que existe por todo lugar, se encuentre con la carta legionaria de “por ir a tu lado a verte”.
         Y se pregunta un servidor, a sabiendas de saber que no habrá respuesta, la causa por la que el “novio de la muerte” no tendrá a su lado alguien que le cierre los ojos; diga algo don Julio.
         La sandeces las dejo para otro momento, pues hay tiempo para todo.



        

domingo, 19 de marzo de 2017

La causa de llamarme PEPE




Es sabido por el vulgo que el nombre de Pepe se debe, según cuentan los expertos, a los Doctores de la Santa Madre Iglesia, los cuales al nombrar en sus escrito a José, varón justo y bueno, ponían a continuación P.P. o sea, “padre putativo” de Jesús; ese P.P. es lo que se conoce por Pepe.
          
Realmente debería de haberme llamado Antonio que fue el hijo primogénito de mis padres y que murió con un añito de edad; después llegó a este valle de lágrimas mi hermano Fernando, cabezón como nadie y un tío formidable que se fue de este mundo hace unos años un día de nochebuena.
          
A los tres años de nacer mi hermano llegó un servidor a este mundo, pero resultó que tres meses antes de mi advenimiento mi tía Virtudes, hermana de la santa señora Antonia, mi madre para más señas, concibió un hermoso bebé que fue bautizado con el nombre de Pepe.
          
Y ahí tienen ustedes a mi hermano Fernando, con sus tres añitos y su cabezonería a prueba de lo que se pusiera por delante, agarrado a la señora Antonia, embarazada de seis meses del que escribe estas líneas, desbarrando a moco tendido y gritando que él quería un Pepe como el de la tía Virtudes.
          
Y por eso me llamo Pepe, de lo que me siento muy honrado por dos razones; la primera porque mi encantadora hermana Nati puso María José a una de sus hijas que pasea con salero su garbo por Sevilla y la segunda porque un servidor es conocido por tres nombres propios, a saber: Pepe, José y Jóse.
          
Todos los hombres, en el tú a tú, me llaman Pepe, a excepción de uno de ellos, y buena parte de las mujeres también; aunque en ellas se da un alto porcentaje que me dicen José, y muy pocas me susurran Jóse y, sea dicha la verdad, esta última forma de ser denominado me encanta por aquello de que una sílaba llana con tilde consigue que la aguda se difumine sonrojada y casi llega a desaparecer, de tal forma que mis oídos agradecen ese milagro poético.
         
 Nada de esto tiene importancia, ni tan siquiera la brocheta de buey que va a caer en media hora; pero el placer de contar mis pequeñas cosillas me encanta.
          
Besos y felicidad para todo quisque.