martes, 31 de enero de 2017

Yo te diré




Abrumado por los cortes instantáneos y repetidos de luz en el entorno del barrio de La Trinidad, que venimos padeciendo desde hace varios días me dispongo hoy a escribir algo ligero que nos salve de la subida del megavatio y del aumento de los productos agrícolas que, como el calabacín y la berenjena, andan subiendo de precio por aquello de la ley de la oferta y la demanda pero que a mí, como al gran ejército de los jubilados del que forma parte activa aunque pertenezca a la clase pasiva, me tiene, con perdón de ustedes, algo acojonado.

         Fue por eso que anoche, harto ya de que la cadenas La Sexta y La Cuatro, las más progresista pero que rinden culto a la publicidad de lujo y a la explotación propagandística de mujeres de luxe promocionando que si esto y lo otro, y fuera ya de tino porque la 13TV, la conservadora, nos muestre unos jamones de bellota imposibles de hacerse con uno de ellos, me fui a la 2 para volver a ver José Nieto, Armando Calvo y Manolo Morán protagonizando “Los últimos de Filipinas” de un tal Antonio Román como director de la “peli”.

         He dicho “volver a ver” porque yo la había visualizado cuando se estrenó en la España franquista allá por los finales de la década de los cuarenta del pasado siglo, años en los que andaba un servidor por la edad del “pavo”, ya saben: más o menos quinceañero.

         A mí me importa un rábano que el más progre de este universo español me tilde de facha y que el más conservador crea que pertenezco a los suyos, todos ellos me la “traen floja” aunque, más o menos, es en el estado que se encuentra la tal.

         Lo que si deseo decir, y no me voy a morder la lengua, es que pasé una hora y media fenomenal por remontarme a los años que ya mencioné y, lo que son las cosas, comprobar que todavía tengo buena memoria.

         Cuando observo que los “Trump” y los “Clinton” ven sus gestas heroicas, léase, la matanza de “El Álamo”, o aquella de “Murieron con las botas puestas” en la que Caballo Loco acabó con El Séptimo de Caballería del General Custer, fustigador de los pieles rojas, no sé por qué no admitimos que los sucedido en el “Sitio de Baler” fue un acto heroicidad aunque de poco sirvió.

         Y después esa canción de “Yo te diré…”

lunes, 30 de enero de 2017

No hay dos sin tres




El título de este “copo” forma parte del refranero español y nos indica que, por regla general, cuando un hecho sucede un par de veces lo seguro es que vuelva a repetirse.

         Viene esto a cuento por las próximas primarias del PSOE en que se juega en buena parte el ser o no ser; también el título podría tomarse en el sentido que si Paxti y Sánchez han dado un paso hacia delante, no tendría nada extraño que una tercera persona, suena insistentemente el nombre de Susana, Presidenta de la Junta, lo haga también.

         Pues no sé si ella, Susana, tomará rumbo a Madrid como tantos otros políticos andaluces que cogieron su maleta y emigraron al centralismo en lugar de demostrar su valía en esta tierra de María Santísima, y así les fue y así nos va; por nombrar podríamos hacer un largo listado de “emigrantes”, son los casos de Felipe González y Alfonso Guerra, entre otros, por el PSOE, de Hernández Mancha y Javier Arenas por el PP, vale la pena nombrar a Julio Anguita por el PCE/Izquierda Unida y ya, para colmo de todos los males, el nombre de Alejandro Rojas Marcos por el extinto Partido Andalucista que comenzó a cavar su fosa en el hemiciclo del Congreso de los Diputados.

         Pero sin querer me desvié del tema en cuestión, o sea: la de los hechos que se repiten o podrían volver de nuevo a acaecer. Lo de Patxi López tiene poco recorrido por deberle todo aquello de lo que puede presumir políticamente al Partido Popular, a saber: el haber sido Lehendakari y Presidente del Congreso con los votos del ejército de Rajoy. Al tiempo que estando instalado en el “No es no”, se pasó con todo el equipaje, incluido el sueldo de diputado, a la abstención que aupaba a don Mariano a la Presidencia del Gobierno español.

         Y termino con el “no hay dos sin tres” del correcaminos de nombre Pedro y apellido Sánchez, el señor que perdió dos elecciones generales llegando a las más altas cotas de derrotas y que, mucho me temo o me alegro, vaya usted a saber, va a salir también derrotado en todo lo que se le avecina.

jueves, 26 de enero de 2017

Ochenta años más uno



Ochenta años más uno son justamente los espacios de trescientos sesenta y cinco días que mañana llevaré viviendo si la canina no se cruza hoy en mi camino.

Durante este paseo existencial he visto nacer y morir a un buen número de seres queridos, he vivido a un tiempo la ilusión y su contraria, he contemplado el marchitar físico del cuerpo que cubre mi espíritu y el deterioro mental de la compañera que acompaña mi tránsito hacia lo desconocido, he pasado hambre en aquellos tiempos de maestro escuela por el suburbio del Cerro Blanco y he almorzado en varias ocasiones con un Presidente de Gobierno, he creído a ciegas en el espíritu con mayúsculas y paso días en que esa visión se ha desvanecido, he gozado con la amistad de algunas personas y con la enemistad de los mismos, lo poco inmaterial que pueda tener se lo debo a la herencia moral de mis padres y a mi peculiar manera de entender la vida, he sido feliz en mi infancia y juventud, la madurez la he contemplado siempre desde una actitud crítica hacia esta sociedad anónima que nos ahoga, y un deseo de liberación de los demás ha formado parte de mi vida.

He quedado prendido con aromas de amor que me embargaron y he olfateado una balacera de pólvora que me envolvió durante un largo minuto, ha escrito en demasía de esto y de lo otro, o sea, del poder y del amor, del alcalde y el presidente, del pobre niño pobre y de los encariñados con la codicia y, faltaría más, del humanismo y la solidaridad.

He luchado, en la medida de mis fuerzas, por la dignidad de Andalucía y contra el abandono sistemático de un centralismo que la ignora.

En fin, como decía mi madre: “no he robado ni matado”, por lo que me siento bien conmigo mismo. Y ahora, cuando he llegado al “ochenta más uno”, me llegan rumores fundamentados de que determinadas personas están estudiando algunos de mis escritos para ver si son constitutivos de delito y, si fuese así, buscar la forma de empapelarme o enchiquerarme.

Pues, ea, sería un buen final.

miércoles, 25 de enero de 2017

La transición democrática en España




Es tema de bares y mundo mediático, me refiero a la corrupción generalizada que ha asentado sus reales en España. Por lo que pueda tener de prehistoria política, y por los años que arrastro, mis amigos de mostrador me preguntan por aquellos tiempos del cuplé; les intento explicar entre gin y gin, pero al final terminamos hablando de Madrid y Barça, y van pasando los días, los años y no escribo sobre el tema. Voy, pues, a pararme un instante sobre lo que cojea, creo yo, en nuestro país.

         El “tahúr del Misisipi”, Adolfo Suárez, denostado en aquella prehistoria por propios y extraños, y bendecido hoy por extraños y propios, fue el gran protagonista de la primera transición de la dictadura a la democracia, me refiero a la transición “política”; ya saben, desde dentro del régimen franquista, muerto el dictador, habilitó a España en el panorama internacional con la urdimbre de una Constitución democrática -en la actualidad muy discutida- y la legalización de todos los partidos políticos habidos y por haber.

         El “gran comunicador y embaucador”, Felipe González, tras el intento de golpista del 23-F-1981, y su victoria arrolladora en la elecciones generales de 1982, realizó la segunda transición, me refiero a la “militar”. Digamos en plan compadre que despachó, con aumento de sueldo y medallas, a todo militar que desprendiera tufo franquista; entramos en la OTAN; y se constituyó un ejército sin los ruidos de sables que atosigaron las dos legislaturas del de Cebreros.

         Desde 1996 hasta se instalaron en La Moncloa “la furia y el viento”, o sea, Aznar y Zapatero, hasta llegar al nuevo inquilino del Palacete, Rajoy, sin haber conseguido, ninguno de los tres presidentes -tampoco los anteriores- llevar a cabo la tercera transición, la “judicial”, no confundir con el juez normalete, sino con todo lo que constituye el Poder Judicial, para entendernos: la “gran” Fiscalía, el “sanedrín” del Supremo, el “batiburrillo” Constitucional y toda esa amalgama de puñetas y togas que responden a la voluntad política de progresistas y conservadores, y que emana de la criticada clase política.

         La corrupción, esa plaga que nos invade, se mueve y desarrolla a su antojo hasta que Montesquieu no aterrice en este solar donde la justicia depende de la política; me refiero, cuando escribo solar, a España.





martes, 24 de enero de 2017

A la atención del señor Pomares, concejal de Urbanismo




El título de este “copo” es largo y más lo sería si hubiese añadido de Málaga y kilométrico si lo estiro con mi coletilla preferida: “la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia”.

         Con la manta en las piernas y unos guantes a los que he cortado la punta de la vaina de los cinco dedos, me encuentro algo molesto por tener apagada tres bombillas de la lámpara y un pequeño calentador a causa del aumento del recibo de luz que merme la calderilla mensual que recibo de papá Gobierno de Mariano Rajoy.

         Pues resulta que tras pasar la barrera de diez mil copos no creo demasiado en que una instancia pueda resolver el problema de movilidad a que estoy sometido todos los días y como he caído en la cuenta que diez mil gotas de agua en forma de opinión no han transformado ni una miaja este mundo que nos rodea, he llegado a la conclusión de escribir sobre detalles de poca importancia y de ahí estas líneas al señor Pomares, concejal que creo es de tráfico, de Movilidad sí que lo es, con el deseo de que, si a bien lo tiene y no conforma un gran gasto para las arcas municipales que administra Francisco de la Torre, alcalde que lo es por voluntad popular, pueda resolver este banal problemilla que narro a continuación.

         Y es que todos los días mi santa esposa y compañera -algo mermada de salud- y un servidor de la verdad –hecho polvo del todo- salimos todos los días a almorzar fuera de las cuatro paredes que nos cobija porque ella, oh Dios, no está en condiciones de guisar.

         Es por ello que por el módico precio de quince euros, somos pobres, diariamente nos alimentamos lo suficiente para seguir “disfrutando” de la vida, mejor existencia; pero resulta, señor Pomares, que tenemos que atravesar, jugándonos la poca vida, el cruce existente entre las calles Montes de Oca y Narciso Pérez Texeira para llegar al lugar donde Jéssica nos pone un primero más un segundo y el postre.

         Y es que señor Pomares, que mire usted que primero giramos la vista a la izquierda y no viene ningún coche y cuando vamos a cruzar aparece un bólido por la derecha y la asumo con amor, a ella; otras veces, las menos, miramos primero a la derecha y plaf, nos detenemos, porque por la siniestra emerge otro bólido con mala uva.

         Sería mucho pedir que diese usted las órdenes oportunas para que sus operarios, los nuestros, pinten con amor uno o dos pasos de cebra para que lleguemos sin sobresalto alguno a ver a Jéssica; de verdad, créame, que llegaríamos a respetarlo como se merece.

         Quedo suyo en la confianza que esta pequeña gota de agua tendrá una adecuada respuesta.