miércoles, 2 de agosto de 2017

Menudencias de agosto




“… ya todo está en calma, el músculo duerme, la ambición descansa…”, es una parte de la letra de un maravilloso tango del siempre inolvidable, Carlos Gardel.
            
Hoy, tras la diáspora de millones de veraneantes que van y vienen (cosas de la crisis), podemos también entonar este maravilloso tango ya que aunque el músculo duerma, debemos tener muy presente que la ambición sigue trabajando al por mayor.
            
La euforia, bendita ella, que, por unos momentos nos ha hecho olvidar que la canina -al igual que en el tango- se cierne sobre los campos de medio mundo, está al acecho de usted, de mí y de nuestros hijos e hijas por estos páramos de España.
            
Nos llegan noticias contradictorias. Existen papeles estadísticos que nos aseguran, no me fío ni de mí, que unos miles de españoles se han acercado a ganar el pan con el sudor de sus frentes, bien de camareros o espeteros y, por otro lado, esto sí me lo creo de verdad, buena parte de la ciudadanía está echando mano a la calderilla de sus ahorros porque la miseria del jornal no da para unas vacaciones durante el mes por excelencia, aunque algunos, pasada la primera semana, comenzarán a pensar que “como en la casa de uno, en ninguna parte”.
            
La ambición, pues, sigue trabajando a mansalva; y así el aburrido Mariano Rajoy, que tiene cierto trabajo durante este verano, nos avisa, y eso es de agradecer, que tal vez tenga que pisar el pedal del afilador de tijeras durante este verano que es, si la gente tiene parné para pasar quince días en una playa con la nevera a cuestas, el tiempo tonto para que el bronceado embellezca la epidermis de ellas, porque el resto, ellos,  no tienen nada que hacer, él, Mariano, si la trinidad conformada por Pedro, Pablo y Albert sigue jugando al escondite con malas artes, nos queme hasta las entrañas con la aquiescente sumisión de la muchachada del PP que todo lo ve lógico
            
Buen agosto para los agraciados, pues un servidor, si no lo remedia nadie está condenado a tragar “agua de fuego” por esta ciudad de mis amores y odios, y a vivir a cierta distancia de la Feria de “esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia” a mediados del presente mes.
            
Tal vez ni la pise, y la viva dentro de El Corte Inglés a 23º centígrados.
            
Suerte durante el éxodo y no se olviden ustedes de lo dicho, ya saben: “como en la casa de uno, en ninguna parte.”

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