sábado, 5 de agosto de 2017

De prostituas y ...




Vaya por delante que soy persona poco versada en estos temas, pero dado que algunos telediarios han dado como primera noticia la caza de prostitutas por las Ramblas de Barcelona habrá que hincarle el diente al tema, por supuesto.


Sin cogérmela con papel de fumar es cierto que no es agradable a la vista los paseos en busca del cateto fornicador que se dan las prostitutas por todas las calles de Europa, incluida España, y el mundo mundial; pero si ello no es grato tampoco lo es que a los polis les dé, por orden de sus jefes, la maníaca medida de emprenderla con ellas y también con ellos, que ahora nunca se sabe.


Ya decía que no soy ducho en la materia, pero creo que la prostitución no está penalizada por las leyes españolas, digo lo anterior porque si estoy equivocado en mi apreciación ya pueden dejar de leer este copo.


Es lo que rodea a la prostitución, a saber, la trata de blancas, los chulos, proxenetas y mafias…  a lo que hay que meterles un puro, sin considerar el tamaño del mismo; pero a ellas -a esas pobres mujeres que exponen su cuerpo al follador de turno para llevarse un tanto por ciento del trato realizado- es vergonzante que la traten como a bestias.


O bien se prohíbe la prostitución o bien se reglamenta con todas las de la ley, no sea que salga Jesús, el de Nazaret, y diga aquello de que el que esté libre de pecado atice el primer mandoble o nos aparezca un Clint Eastwood que, como en su clásico “Sin perdón”, se convierta en el defensor de las prostitutas que son apaleadas.



Y ahora, para terminar este pecaminoso copo, me pregunto la causa por la que si la mujer es dueña de su cuerpo para abortar libremente, porqué no lo va a ser para venderlo al mejor postor.

Dejen en paz a las prostitutas porque también de ellas es el reino de los cielos…, dijo alguien y repite un servidor.



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