jueves, 20 de julio de 2017

Las vacaciones de Cristina Cifuentes





¡Ay de las vacaciones!, ya saben: ese subproducto de esta sociedad de consumo que nos broncea y que establece una auténtica guerra para, con sombrilla en ristre, luchar entre hermanos por conseguir un puesto de salida hacia la mar entre hamacas y aceites que nos bronceen a la espera de que, a mediados de septiembre, una especie de gusanillos nos lleven a la cruel realidad de ser simples rostros pálidos.

          Cuando uno ya padece este cruel destino de ser jubilado y vivir, por tanto, un eterno y cruel tiempo de vivir en estado inerte de muerte laboral por inutilidad metafísica, va y busca la manera de que las monótonas manecillas del reloj fluyan con un ritmo más acelerado que hagan más entretenida este tic-tac implacable del paso del tiempo; es por eso que uno pone la neuronas al ciento por ciento para buscar encajar el aburrimiento con la vida y así, sin saber la causa, se toma la tercera copa que nos lleva a acelerar la búsqueda de la mortaja o a introducirse en el mar de Facebook para echar un ratillo con los amigos que nos vienen y se van como la mar cuando juega a ser pleamar y su contraria.

          A falta de Blesa y pareciendo que la “cosa” marcha, las emisoras de televisión que suman 10, o sea, 6 más 4, hoy la han emprendido de forma torticera, quiero decir sesgando las declaraciones de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, que ha dicho que ella, enarbolando su santa libertad, no se va a tomar vacaciones durante este verano porque, entre otros detalles, se lo pasa requetebién en Madrid y alrededores.

          Y como una jauría humana los que están todo el año de vacaciones, Pablo Iglesias y Alberto Garzón, Javier y Cristina más cuatro o cinco que viven de las “pagas” extras de seguir el juego a los que suman diez han elevado su grito al cielo exclamando que ella, “la” Cifuentes, está desarbolando el derecho de los trabajadores a disfrutar de unas vacaciones.

          Poco a poco, mientras la mar se cubre de un celofán de cremas pastosas, amanece la libertad de decir y hacer, siempre que no perjudique a nadie, lo que le venga a uno en ganas.

          Aleluya.

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