miércoles, 12 de julio de 2017

El disparo





“Con una hora de retraso se ha producido el disparo, el dedo asesino ha apretado el gatillo, y España, concretada en Miguel Ángel Blanco, ha entrado en coma.

       Los lazos azules han trazado perfiles de luto, la amenaza ha sido cumplida y el terror ha instalado su reino. Un frío julio ha invadido los campos del País Vasco, un solo disparo ha silenciado los millones de gritos que pedían libertad y vida.

          Estoy escuchando noticias sobre el disparo. Son las 19:10 horas de un sábado que estoy viviendo con intensidad, la misma que el joven músico para salir del ámbito de la muerte.

         La frenética emisora entrevista a unos y otros, a políticos y hombres de iglesia, al tiempo que yo tecleo la columna. Todos piden tranquilidad y oraciones. Ni estoy tranquilo ni elevo oraciones. Estoy escribiendo a impulsos.

       A través de la pantalla veo a los vecinos de Ermua, andan a gritos pidiendo paredones para los asesinos, claman un “no” rotundo al silencio, quieren acción inmediata; saben lo que desean pero no saben contra quién.

         No ha pasado más de seis horas que más de medio millón personas, en Bilbao, ha paseado un aliento de esperanza, un deseo de que el disparo no se llevara a efecto; pero el asesino material, el que ha curvado su dedo alrededor del gatillo, lo tenía todo preparado, su sangre la había pasado con anterioridad por un frigorífico y el corazón envuelto en papel estraza hicieron de Miguel Ángel Blanco un fardo humano. Dispara. Pone el coche azul oscuro en marcha. Sintoniza la radio, enciende un cigarro y escucha el otro impacto, el que ha producido en la opinión pública. Se regodea en su acción, sonríe.

          La sociedad vasca está en peligro, dos orillas y entre ellas comienza a surcar el río del odio. Está construyéndose  un conflicto más serio y la venganza puede adquirir carta de ciudadanía que recorra con normalidad calles y barrios.

          “El odio -escribió Gohete- es un grave peso que hunde el corazón en lo más hondo del pecho y se fija como una piedra sepulcral sobre todas las alegrías”. Estoy más tranquilo, envío la columna a través del fax, tal vez rece pues Miguel Ángel sigue en estado de coma en estos momentos.”

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