domingo, 2 de julio de 2017

De comisiones, Bárcenas y otras bagatelas




Tras deleitarme, sin prisa alguna, con dos buenos “golpes” de güisqui Jameson después de haber ingerido un ligero almuerzo en Papulinos IV, escribo por aquello que dijera mi primo hermano Fernando Pessoa, a saber: “Si escribes bien cuando bebes, emborráchate”.

          Y es que el tema que intento tratar, ciertamente difícil, posee aristas que si no son bien explicadas puede llevar a equívocos por parte de aquellos -también de aquellas- que presumen un poquito más de la cuenta de ser poseedores de la verdad absoluta y, lógicamente, estar totalmente separados de aquellos que, como Poncio Pilatos, siguen buscando, sin respuesta alguna, qué es la verdad.

          Si más añadidos por mi parte, digamos que las Comisiones Parlamentarias, sean de derechas o izquierdas, no sirven absolutamente para nada efectivo, a no ser que por efectivo se entienda soplar en el “ego” -que no escuchar- palabras que aticen la carota de los que tenemos por enemigos; conste para demasiados que mi único enemigo soy yo que, un día sí y al otro también, me asesino fumando un cigarro de más y bebiendo una copa de menos.

          Me refiero a la Comisión “contra”, o a favor de PP -ya veremos-, que el arco parlamentario ha montado contra la presunta, pero segura corrupción del PP y que ha comenzado con la presencia de Bárcenas, Luis, en el Congreso de los Diputados y Diputadas, ¡oh la ironía¡, no sea que me lleven a la hoguera.

          Luis, de apellido “sé fuerte”, en el uso que le confiere el Estado de Derecho que disfrutamos, se ha negado a responder a sus respetables señorías y ello, lo que son las cosas, porque al mismo tiempo que este “numerito de circo” tiene abierto un proceso judicial que, a poco que se demuestre lo contrario, es presunto inocente o culpable y, por ello, no debe -aunque si puede- decir nada que le pueda perjudicar, pues ya deben saber todos que un acusado tiene el sacrosanto derecho a mentir, y no digamos a callar porque eso es baladí.

          Si ustedes no lo entienden, queridos lectores, peor para ustedes.


         

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