viernes, 16 de junio de 2017

Las calores





Existen el calor, la calor y las calores, y por esta tierra de mar y montaña “gozamos” de vez en cuando del “terral”, una especie de infierno real que tiene una duración de tres o cuatro días y que ahoga la esperanza de brisa de la ciudadanía de “esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia”.

          La Sexta, con la que paso buena parte de la mañana aplaudiéndola y silbándola, le ha dado ahora por “las calores” y tiene acojonada a buena parte de la población española, menos a los nacidos en el Sur que de calores, no de rebeliones, sabemos un rato largo y nos defendemos bien de dicha amenaza.

          Hoy, por ejemplo, un servidor ha almorzado un buen vaso de cuarto y medio de gazpacho, una porra antequerana y un par de rojas tajadas de sandía, para terminar con un café solo y con hielo; todo ello de rechupete y ahora, mientras tecleo con un ventilador a la vera, voy echando y engullendo unos sorbos de agua hasta llegar al litro, o más; ya en la noche, cuando el misterio nos sorprenda a la vuelta de cualquier esquina ventilaremos lo anteriormente ingerido con una tónica fresquita envuelta en cubitos de hielo sobre los que haremos reposar una filigrana de buena ginebra.

          Les he hecho entrega de mi particular fórmula de sobrevivir con gallardía porque estas calores pueden volver majareta al más pintado, hecho que creo puede estar ocurriendo en las filas del colectivo “sanchista” que, según parece y puede que sea verdad, está estudiando la forma y manera de extender el apéndice de la extremidad superior, la mano, para entregársela a don Pablo Iglesias.

          No dudes, amigo Pedro, que si lo haces te la morderá tarde o temprano porque este hombre, Pablo, ha nacido para acabar con el PSOE; de manera que, consejo de viejo, deja que pase la canícula -no olvides que finaliza allá por septiembre con el veranillo del membrillo-, arregla bien el patio de tu casa, riega con mansedumbre a los derrotados y lee bien el documento interno de “Podemos” que leyó Ábalos en el Congreso durante la moción de censura.

          Ahora se necesita muchísima tranquilidad y un buen botijo a mano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario