miércoles, 10 de mayo de 2017

Los restos de Francisco Franco




Existe una montada sobre qué hacer con los restos del que “por la gracia de Dios” y las armas, Francisco Franco, fuese “Caudillo” de España durante una casi cuarentena de años.

         Ustedes me perdonarán si les adelanto que a mí, por aquello de la edad que visto y calzo, me importa un bledo qué hacer con el polvo y los huesos de tamaño personaje que, a pesar de muchos, entre los que me encuentro, forma parte de la historia de España.

         He escrito en varias ocasiones que mamé seis meses del pezón de mi madre la II República Española y tres años de la maldita guerra incivil entre hermanos, después chupé liberticidio casi cuarenta años de años de mi existencia, fui de aquellos de la “casta” que intentó reconciliar lo imposible y, hoy en día, vuelvo a vivir los que creo serán los últimos ramalazos del odio larvado entre españoles, y casi seguro que me convertiré en polvo escuchando a unos y otros sobre qué hacer con ese trozo de nuestra trágica historia; dicho de otra forma, soy una víctima viva de aquello que no produje.

         Presentar una proposición no de ley, de no obligado cumplimiento por el gobierno español, para que los restos de Franco se entreguen a sus familiares me parece una perogrullada que conducirá a crear nuevos odios entre compatriotas que se desean interiormente la muerte.

         Por ello, y en uso de mis perturbadas facultades mentales, pido a la españolada en su conjunto, sean o fuesen de un bando u otro, faculten a una comisión de cuatro sabios para que mediante una partida de dominó, gane la pareja que gane, siempre que no sea una de la Guardia Civil -o sí- se jueguen que los restos de Franco y José Antonio, a cambio de los míos, sean trasladados a un nuevo crematorio para que la paz, bella palabra fuera del alcance de cualquier español, reine entre nosotros.

         Los míos, por favor, que reposen en la orilla de la mar cuando la pleamar nazca y deriven, los restos, hacia el cabo Xunio.


        

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