sábado, 20 de mayo de 2017

En la oficina de Francisco Villodres (IV)




Realizados los trámites necesarios fui convocado por Francisco de la Torre a una reunión para confeccionar las candidaturas al Congreso y Senado que Unión de Centro Democrático presentaría por la circunscripción electoral de Málaga.

         La reunión tendría lugar en la oficina del economista Francisco Villodres García, ubicada en la Alameda de Colón; hasta allí me dirigí sin saber con qué personas me iba a encontrar, aparte, claro es, de mi “padrino” político, y pensé algo en mi posible forma de actuar, cuestión que deseché rápidamente.

         Creo que es conveniente recordar que en esas primeras elecciones UCD no se presentaba como partido sino como una coalición de ellos, aunque podría afirmar que, más o menos, todos sus integrantes podían llenar no más de cuatro taxis.

         Alrededor de una gran mesa de reunión se encontraban, entre otros, Paco de la Torre, Cayetano Utrera Ravassa, que había dejado el puesto de Alcalde de Málaga para jugar la aventura de un proceso electoral democrático, José Ignacio Fernández Berjillos Ignacio Huelin Vallejo, Joaquín Tena Arregui, Federico Brikman, Manuel López Ayala, José Ángel Carrera, Francisco Trujillo, Elena Blanco Briones, José Luis Rodríguez, Villodres García, alguno más y el que estas líneas suscribe que, por cierto, no había jamás cruzado palabra con ninguno de ellos.

 Había, pues, representantes de la socialdemocracia de Fernández Ordóñez, de los liberales de Joaquín Garrigues, del partido social-liberal andaluz de Manuel Clavero, algún testigo de Pío Cabanillas y un servidor que iba por libre y sin saber muy bien qué pintaba en medio de ese grupo de personas que parecían conocerse de tiempos anteriores a excepción, creo de Villodres; precisamente fue con él con el quien me sentí más cómodo a la hora de debatir y proponer.

viernes, 19 de mayo de 2017

Ramón Buxarrais, Obispo Emérito de Málaga (III)




Decidido a formar parte de la candidatura de UCD faltaba mi dimisión como Presidente del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Diócesis malagueña que, de inmediato, solicité al entonces Obispo de Málaga, don Ramón Buxarrais que, lógicamente, la aceptó y comunico mediante la presente carta con fecha 17 de mayo de 1977.

         “Querido amigo Pepe:
         Me parece consecuente la decisión que has tomado de dimitir de tu cargo de Presidente del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, cargo que por razones obvias tú no crees compatible con la candidatura aceptada por ti para la Cámara de Diputados en las próximas elecciones.

         A la par que agradezco en nombre de toda la Diócesis, especialmente del Movimiento de Cursillos de Cristiandad y en nombre propio, lo servicios apostólicos que durante estos últimos años has ofrecido generosamente a favor de la Iglesia de Málaga, pido al Señor que tu vocación política sea siempre una vocación de servicio al pueblo español, especialmente a los menos atendidos. No dudo que lo que asimilaste en la oración, estudio y reflexión, y proclamaste con entusiasmo en los Cursillos sea para ti un aliciente y una exigencia de servir a los demás como Jesucristo ha servido a todos los hombres.

         Cuenta siempre con mi amistad, así como la Diócesis y yo personalmente esperamos poder contar con tu colaboración a través del testimonio de tu vida y de tu acción apostólica siempre que la Iglesia te necesitare.

         Te agradeceré tengas la amabilidad de comunicar al Secretariado que hasta ahora has presidido, que comparta como mejor crea conveniente la responsabilidad de la presidencia hasta ahora ejercida por ti…

         Te encomiendo especialmente en mis oraciones.

         Cordialmente… Ramón, Obispo de Málaga

Nota: Años después, Ramón Buxarrais dejó su función de Obispo de la Diócesis para convertirse en capellán de la Prisión de Melilla. Eso sí fue servir a los más necesitados.




jueves, 18 de mayo de 2017

El grupo cristiano de base (II)




Alrededor de la Palabra, léase Jesús de Nazaret, fueron conformándose en aquellos difíciles tiempos diversos grupos cristianos, oficiales o no, que a forma de comandos semi-anárquicos luchaban de forma casi invisible contra los estertores del franquismo.

         Conformaba un servidor uno junto a tres personas más, uno de ellos duerme ya el sueño eterno de lo invisible, otro me imagino que seguirá contemplando desde su atalaya cartameña el esplendor del Valle del Azahar, un tercero que trata desde su siempre extraña órbita de sanar el espíritu y cuerpo de los demás y un servidor, ya cuasi finiquitado, que seguía, y sigue, en la permanente duda de intentar averiguar donde reside la “verdad”, concepto totalmente desvirtuado por la inmensa mayoría que sigue adorando a la mentira que se disfraza de sumisa y respetable.

         Pues bien, fue a ellos a los que reuní en una venta situada entre Cártama-Estación y Cártama-Pueblo a los que reuní para tratar sobre la propuesta de Francisco de la Torre de formar parte de la candidatura de UCD a las Elecciones Generales del 15-junio-1977. Analizábamos la realidad que nos circundaba bajo las premisas de la JOC (Juventudes Obreras Católicas), a saber: Ver, Juzgar y Actuar bajo las premisas del prisma cristiano, no confundir con el católico.

         Llegaron, llegamos, a la conclusión que el personal de Fraga seguía encariñado con la herencia franquista y que el PSOE había mantenido cuarenta años de ausencia y permanente silencio; nos enquistamos algo en la historia comunista y al final, tras una gran deliberación, llegamos a la conclusión que un cristiano de base podía y debía formar parte activa de un proceso de intentar confraternizar la división de las dos Españas.

         Ante el “nihil obstat” de aquellos que vivimos tiempo e instantes conocidos por muy pocos -ni siquiera por el historiador malagueño Francisco Arcas- decidí, tras comentar lo que ya era una decisión con mi compañera Rosi, dar un paso adelante después de hablar con Ramón Buxarrais, Obispo de Málaga.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Todo comenzó así (I)




Tal día como hoy -más o menos- hace cuarenta años llegué a casa sobre las diez de la noche. Rosi, mi esposa y compañera, me comentó que un señor llamado Francisco de la Torre Prados había llamado a casa preguntando por mí y que había dejado un número de teléfono para que lo llamara de inmediato sin importar la hora de mi llegada.

         Así lo hice, y el que había sido el más joven Presidente de la Diputación de toda España -hablamos de tiempos del franquismo- me urgió a que me presentase en su casa para hablar de un asunto de cierto interés para ambos. Es decente comentar que el franquismo más fuerte había descabalgado de su cargo de Presidente del órgano supramunicipal al actual Alcalde de Málaga por no ceñirse “correctamente” a los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional ya en fase de expiración.

         A las 23:30 horas me encontraba, en su domicilio frente a él (ambos, tras cuarenta años de existencia, seguimos viviendo en los mismos lugares). Jamás había cruzado palabra con él, por lo que era un total desconocido para mí, así como también ignoraba el asunto a tratar.

         Algo más joven que yo -hoy algo menos viejo-, correcto y sin dilación alguna fue directamente al grano, a saber: su deseo que le acompañase en la candidatura que UCD iba a presentar en las Elecciones Generales del 15 de junio de 1977.

         Le pregunté que quién le había dado mi nombre y mi número de teléfono. Soslayó varias veces la respuesta, aunque más tarde conseguí saber, jamás a través de él, que fue mi compañero de profesión Pepe Sánchez Blanco, miembro del antiguo Cuerpo de Director Escolares, el que le había indicado que un servidor podía ser una persona válida para ese proyecto de candidatura centrista en torno al Presidente Adolfo Suárez.

         Le pedí veinticuatro horas de tiempo, el necesario para comentar mi posible decisión con un “grupo cristiano de base” al que pertenecía y, lógicamente, a mi compañera.

         Accedió a mi propuesta.

martes, 16 de mayo de 2017

Chequeo a la casta política




Hace tres o cuatro días recibí una llamada telefónica del Congreso de los Diputados informándome que se estaba preparando un posible acto, no digamos homenaje, hacia aquellas personas que fuimos Parlamentarios Constituyentes con motivo de que el próximo quince de junio se cumplen cuarenta años de las primeras elecciones democráticas tras la muerte del dictador Franco.

         Fue una especie de “chequeo”, quiero decir que se interesaba para saber de la posibilidad de asistir al mismo en el remoto caso de que el citado acto se celebrase (los gastos, como siempre ha sido, corren por cuenta del “homenajeado”); y es que, lógicamente, es elevada la edad de los que sobrevivimos al 15 de junio de 1977.

         En Málaga, por ejemplo, de aquellos ocho diputados quedamos vivos cuatro, a saber: Francisco de La Torre, alcalde de “esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia”, Rafael Ballesteros, buen poeta, Carlos San Juan, feliz jubilado y un servidor, escribidor. De ellos, el más anciano es el que escribe y suscribe estas líneas, y los tres compañeros peinan, año arriba o abajo, los tres cuartos de siglo.

         Quedamos, pues, el cincuenta por ciento en esta provincia, pero por mis noticias estarán vivos de aquellos trescientos cincuenta no más de una tercera parte, y de ellos un buen número nos encontramos en no muy buena forma y alguno que otro, no es que sea pesimista, verdaderamente tocado.

         Así que me preguntó aquella divina voz femenina si me gustaría asistir y yo, sin pensarlo en demasía, dejé caer un como una catedral ya que me encantaría reencontrarme con algunos viejos de la “casta”, ya que a los próximos, los de aquí, no los veo, a excepción de mi excompañero Paco de la Torre que, lógicamente, lo contemplo en plena forma en las páginas de la prensa.

         Me pidió ella el correo electrónico para tenerme al día y, hasta ahora, no he recibido noticia alguna.

         Es buena la esperanza porque nos mantiene vivos aunque estemos machacados por tanto demócrata nuevo y viejo que nos tildan de mucho malo y poco bueno.

         Les digo un secreto: nos merecemos un reencuentro, aunque sea “a la pata coja”; o al menos que Paco, Rafael, Carlos y un servidor almorcemos juntos, y digo almorzar porque ellos nunca fueron amigos de la sagrada noche.

Invito al que consiga tamaño milagro.