viernes, 21 de abril de 2017

Qué asco





Qué asco tener que escribir de la España corrupta que conmueve la conciencia de la decencia.

Qué asco de tantos desaprensivos por querer tener más dinero a costa del pueblo que sufre en silencio y con resignación las tarascadas de la avaricia de unos pocos que comienzan a ser multitud.

Qué asco de que uno no sepa si al descolgar el teléfono e iniciar una conversación hay un espía que interfiere una conversación privada de la que después pueda hacer el uso que le parezca.

Qué asco de tantos servidores públicos al servicio del dios dinero, del poder y del prestigio; qué asco vivir y sobrevivir en la ciénaga que embarga a esta sociedad.

Qué asco de tantas lágrimas de cocodrilos ante las pantallas de televisión, cuando esa agua, dicen que salada, brota en el silencio de la noche y en la soledad de la vergüenza.

Qué asco de la sed de venganza que se percibe en las letras de algún que otro plumilla que sopla a la llama para que devaste a la nación.

Qué asco que una y otra vez se filtre lo que debería ser secreto para alimentar el odio en las vísceras de la ciudadanía.

Qué asco tener que escribir de las náuseas que producen esta manera de ser y actuar de unos mangantes que han hecho de la corrupción -corruptores y corrutos- una forma de vida.

Qué asco formar parte de una sociedad donde la ley del “encogimiento de hombros” sea la norma suprema de supervivencia.

Qué asco.

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