viernes, 3 de marzo de 2017

Tenía que estar allí, pero no he ido




Hoy tenía que estar allí, en la entrega del Premio de las Letras Andaluzas “Elio Antonio de Nebrija” -creado por ACE-Andalucía en aquellos tiempos en el que un servidor de ustedes y la verdad fue Presidente de dicha Asociación- y que hoy se entrega en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga a la insigne poeta María Victoria Atencia, hermana de mis grandes amigos Manuel y José que en paz descansen.

         Tenía que estar allí porque durante mi “mandato” como “presi” de ACE-A entregué, que ahora recuerde, la Medalla del citado premio a Manuel Alcántara, Rafael Guillén, Antonio Gala y Antonio Hernández.

         Tenía que estar allí porque me hubiese agradado saludar al Excmo. Alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, y recordarle que hay de aquel expediente en el que algunos cientos de personas pedían que el Ayuntamiento de “esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia” solicitaba que me fuese otorgado el título de ser “hijo adoptivo de Málaga”, aunque lo sea en realidad.

         Tenía que estar allí para saludar al representante de Fundación Unicaja al que tanto yo, como ACE-Andalucía, le debe la independencia económica y, por tanto, no rendirr vasallaje alguno a las autoridades políticas del lugar, Andalucía.

         Tenía que estar allí para saludar, si es que aparece, a la Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Rosa Aguilar, antigua “pecera” que saltó con pértiga el paso de la utopía a la realidad de lo seguro.

         Tenía que estar allí para dar y repartir abrazos a tantos amigos y amigas que se darán cita en pocas horas entre los espejos del magno salón y que, algunos de ellos y ellas, me creen muerto.

         Tenía que estar allí, pero no he ido para no ver a aquellos que jugaron con mi honor, como si éste se concediese en una reunión y no se ganase por la postura honrada y honesta de una vida al servicio de la verdad.

         Tenía que estar allí, pero es que allí se encontraban P.S., M.G., y R. S., personas ellas que antepusieron la ambición de un pequeñísimo poder a la grandeza de una noble amistad.

         Tenía que estar allí, pero he preferido la soledad de escribir al jolgorio de la falsedad premeditada.

         Conste que tuve que estar allí, pero que decliné la invitación a la hipocresía por mantener viva mi dignidad personal.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada