lunes, 6 de marzo de 2017

La guerra de "Secesión" en España




La guerra civil de los Estados Unidos de América, librada entre los países del Norte y del Sur, azules y grises, y conocida por guerra de Secesión fue debida más a intereses económicos que a los de segregación racial.

         Aquí, me refiero a España, estamos asistiendo y soportando una “guerra larvada” por el norte que, bajo el seudónimo de independentismo, esconde una realidad económica; es por ello que Euskadi, con sus crueles años de “plomo” y la bajada al Sur de “carniceros” para cometer asesinatos increíbles, ha quedado resuelta con la ya entronización del sistema fiscal de las Diputaciones forales vascas, que solapadamente se goza en Navarra, mientras que todo el problema separatistas catalán quedaría resuelto si el gobierno de España aplicara tal régimen económico a Cataluña.

         Lo que queda de España, que es muchísimo pero sumiso, anda envuelta en la bandera roja y gualda, españoles de cañí, mientras una ola de desigualdad nos inunda sin que sepamos hacerle frente.

         Estoy refiriéndome a la llamada “Ley de Sucesiones” que se aplica en el tablero de las autonomías de forma injusta y desproporcionada entre los ciudadanos a la hora de heredar alguna que otra propiedad por el fallecimiento de sus padres, injusticia que puede y debe dar lugar a una “guerrilla de sucesiones” en toda regla por parte de la ciudadanía y no hacernos perder la chota durante días con el famoso, por triste, autobús del pene y la vulva.

         Ha llegado la hora en que la ciudadanía española se debe movilizar contra la cruel injusticia de comprobar que en media España es prohibitivo para un joven heredar el sudor de sus padres en forma de vivienda ganada a pulso, al tiempo que en la otra mitad no existe problema alguno.

         Que ya está bien que se juegue con la vida de trabajo de nuestros antecesores y sucesores porque Susana y Cifuentes o Cifuentes y Susana piensen de forma diferente.

         Ya dijo Virgilio aquello de “no haré distinción entre tirios y troyanos”, pues bien es llegada la hora en España en que no exista, por razón del lugar donde se resida, pongamos por ejemplo Andalucía y Madrid, diferencia alguna.

         Hay que movilizarse para ganar esta batalla a un gobierno central que duerme en el limbo y a una ciudadanía conformista con la desigualdad.

         Vamos a inventarnos algo, lo que sea, pero que no nos tomen por lo que aparentamos ser, a saber: imbéciles.







La guerra civil de los Estados Unidos de América, librada entre los países del Norte y del Sur, azules y grises, y conocida por guerra de Secesión fue debida más a intereses económicos que a los de segregación racial.

         Aquí, me refiero a España, estamos asistiendo y soportando una “guerra larvada” por el norte que, bajo el seudónimo de independentismo, esconde una realidad económica; es por ello que Euskadi, con sus crueles años de “plomo” y la bajada al Sur de “carniceros” para cometer asesinatos increíbles, ha quedado resuelta con la ya entronización del sistema fiscal de las Diputaciones forales vascas, que solapadamente se goza en Navarra, mientras que todo el problema separatistas catalán quedaría resuelto si el gobierno de España aplicara tal régimen económico a Cataluña.

         Lo que queda de España, que es muchísimo pero sumiso, anda envuelta en la bandera roja y gualda, españoles de cañí, mientras una ola de desigualdad nos inunda sin que sepamos hacerle frente.

         Estoy refiriéndome a la llamada “Ley de Sucesiones” que se aplica en el tablero de las autonomías de forma injusta y desproporcionada entre los ciudadanos a la hora de heredar alguna que otra propiedad por el fallecimiento de sus padres, injusticia que puede y debe dar lugar a una “guerrilla de sucesiones” en toda regla por parte de la ciudadanía y no hacernos perder la chota durante días con el famoso, por triste, autobús del pene y la vulva.

         Ha llegado la hora en que la ciudadanía española se debe movilizar contra la cruel injusticia de comprobar que en media España es prohibitivo para un joven heredar el sudor de sus padres en forma de vivienda ganada a pulso, al tiempo que en la otra mitad no existe problema alguno.

         Que ya está bien que se juegue con la vida de trabajo de nuestros antecesores y sucesores porque Susana y Cifuentes o Cifuentes y Susana piensen de forma diferente.

         Ya dijo Virgilio aquello de “no haré distinción entre tirios y troyanos”, pues bien es llegada la hora en España en que no exista, por razón del lugar donde se resida, pongamos por ejemplo Andalucía y Madrid, diferencia alguna.

         Hay que movilizarse para ganar esta batalla a un gobierno central que duerme en el limbo y a una ciudadanía conformista con la desigualdad.

         Vamos a inventarnos algo, lo que sea, pero que no nos tomen por lo que aparentamos ser, a saber: imbéciles.





No hay comentarios:

Publicar un comentario