miércoles, 15 de marzo de 2017

La causa de ser "sevillista"




Quiero creer que fue por mil novecientos cincuenta y siete cuando desembarqué como Maestro Nacional en la localidad de Dos Hermanas (Sevilla).

         Nacido y educado en Melilla, donde estudié Magisterio, jamás había tenido la suerte de ver un partido de fútbol de 1ª División; en aquellos tiempos, al menos la mayoría de mis amiguetes, éramos todos forofos del Atlhetic de Bilbao que, lo que es la vida, venía a representar la “furia española”.

         Recibía mensualmente la cantidad de setecientas setenta pesetas, dicho de forma moderna mi paga no llegaba a los cinco euros. Me puse de acuerdo con la portera del Grupo Escolar “Calvo Sotelo”, Matilde, y “apañamos” que abonándole cinco duros diarios, o sea, veinticinco pesetas, me ofrecía en su casa desayuno, almuerzo y cena de la misma olla que lo hacía su familia; pernoctaba en una habitación del mismo colegio y en un camastro que un viejo maestro, represaliado por el franquismo, me prestó.

         Al pagarle a Matilde a primero de mes quedaba ya en números rojos, pero las famosas clases particulares conseguían que saliera del atolladero de estar tieso y si a ello le sumaba cien pesetas que mi padre me enviaba por giro telegráfico iba tirando como podía; eran los tiempos en que el dicho “pasa más hambre que un maestro escuela” era una realidad absoluta.

         Por aquellos tiempos jugaban en el Sevilla CF tres melillenses, a saber: Ramoní, Pepillo y Payá; este último era primo hermano de mi novia formal, la “pastora”, y Pepillo fue vecino mío de Melilla en el Barrio Obrero; a ellos dos especialmente le debo mi “sevillismo hasta la muerte”, pues a través de la puerta llamada de “oficio” del antiguo Nervión me colaban gratis.

         Si hubiesen jugado en el Betis, hoy sería bético porque, nos guste o no, la economía es la que compra voluntades.

         Ayer noche pasé un mal rato con la eliminación del Sevilla en los octavos de la Champions League, pero he aquí que encontré un acompañante en la tristeza; me refiero a Víctor Manuel Pérez Benítez que, a través de mensajería, nos cruzamos varios mensajes que me vinieron de “perilla”; hoy sé que es amigo de Fb., poeta y mejor persona que es lo más importante.

         Ser sevillista declarado en Málaga es “casi peligro de muerte”, pero lo paso bien porque me agrada jugármela, jajaja.

         Gracias amigo Víctor Manuel; lo tuyo: un detallazo.





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