domingo, 19 de marzo de 2017

La causa de llamarme PEPE




Es sabido por el vulgo que el nombre de Pepe se debe, según cuentan los expertos, a los Doctores de la Santa Madre Iglesia, los cuales al nombrar en sus escrito a José, varón justo y bueno, ponían a continuación P.P. o sea, “padre putativo” de Jesús; ese P.P. es lo que se conoce por Pepe.
          
Realmente debería de haberme llamado Antonio que fue el hijo primogénito de mis padres y que murió con un añito de edad; después llegó a este valle de lágrimas mi hermano Fernando, cabezón como nadie y un tío formidable que se fue de este mundo hace unos años un día de nochebuena.
          
A los tres años de nacer mi hermano llegó un servidor a este mundo, pero resultó que tres meses antes de mi advenimiento mi tía Virtudes, hermana de la santa señora Antonia, mi madre para más señas, concibió un hermoso bebé que fue bautizado con el nombre de Pepe.
          
Y ahí tienen ustedes a mi hermano Fernando, con sus tres añitos y su cabezonería a prueba de lo que se pusiera por delante, agarrado a la señora Antonia, embarazada de seis meses del que escribe estas líneas, desbarrando a moco tendido y gritando que él quería un Pepe como el de la tía Virtudes.
          
Y por eso me llamo Pepe, de lo que me siento muy honrado por dos razones; la primera porque mi encantadora hermana Nati puso María José a una de sus hijas que pasea con salero su garbo por Sevilla y la segunda porque un servidor es conocido por tres nombres propios, a saber: Pepe, José y Jóse.
          
Todos los hombres, en el tú a tú, me llaman Pepe, a excepción de uno de ellos, y buena parte de las mujeres también; aunque en ellas se da un alto porcentaje que me dicen José, y muy pocas me susurran Jóse y, sea dicha la verdad, esta última forma de ser denominado me encanta por aquello de que una sílaba llana con tilde consigue que la aguda se difumine sonrojada y casi llega a desaparecer, de tal forma que mis oídos agradecen ese milagro poético.
         
 Nada de esto tiene importancia, ni tan siquiera la brocheta de buey que va a caer en media hora; pero el placer de contar mis pequeñas cosillas me encanta.
          
Besos y felicidad para todo quisque.




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