martes, 21 de marzo de 2017

De misas, capellanes y más sandeces




Que conste que cuando en el título de este “copo” escribo “… y más sandeces” no estoy afirmando que lo de “misas y capellanes” lo sean sino que para Pablo Iglesias, su novia Irene Montero y el gobierno en la sombra de “Podemos”, entre los que se encuentra don Julio, el general de las cuatro estrellas, y el señor Monedero lo son, cosa bien distinta.
         Fui, como persona nacido y criado en el nacional-catolicismo, hombre que durante un cierto tiempo supe de misas con el cura vuelto de espalda a los santos fieles que acudían al acto religioso, aunque hoy día, seamos sinceros, hace años que no acudo a este acto; lo que no quiere decir que no viva de eucaristías a diario, ya saben, santos grupos de amigos que nos reunimos ante una copa de alcohol, menos dulzón que el rociado en el copón, y ante el que compartimos el sacramento de la amistad aliñado, de vez en cuando, con alguna dosis de amor, amistad, y que durante el transcurso del mismo ofrecemos y consagramos el amor que nos profesamos como auténtico vehículo en el que hacemos gala de lo que nos une y desune, y que al finalizar el mismo, beodos ya de tanta amistad, deambulamos hacia nuestros domicilios deseándonos paz y salud para volvernos a ver el próximo día.
         Ahora bien, respeto total y admiración hacia todos aquellos que viven, cada cual a su manera, la misa dominical pegados a TV2 bien por vagancia de ir al templo más cercano o encontrase inhabilitados por enfermedad y, por ello, se encuentran felices de formar parte virtual, pero real, de los que creen en el precepto de “ir a misa todos los domingos y fiestas de guardar”.
         Ha conseguido “Podemos” y su jefe y jeque Pablo Iglesias que la misa que retransmite TV2 multiplique su audiencia, con lo que ya es público y notorio que la denominada derecha católica ya sabe de redes sociales y que Dios, si es que existe -Manuel, que conste, que sé que existe- ha multiplicado el “haced esto es memoria mía” `por el infinito.
         Ahora el “cuatro estrellas” desea abolir, si llega a gobernar algún día, que los capellanes del ejército desaparezcan por lo que los “caballeros y pecadores legionarios” -novios de la muerte- quedarán sin un resquicio de caricia cuando el enterrador de turno, que existe por todo lugar, se encuentre con la carta legionaria de “por ir a tu lado a verte”.
         Y se pregunta un servidor, a sabiendas de saber que no habrá respuesta, la causa por la que el “novio de la muerte” no tendrá a su lado alguien que le cierre los ojos; diga algo don Julio.
         La sandeces las dejo para otro momento, pues hay tiempo para todo.



        

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