viernes, 31 de marzo de 2017

Cassandra




No crean que no lo he pensado durante cierto tiempo si escribir este “copo” relativo a Cassandra, y una vez que me he decidido a ello tal vez me haya equivocado de “pe” a “pa”, pero tampoco es cosa, me refiero a este difícil oficio de narrar hechos de la absurda realidad que vivimos, de andar siempre en el tiralínea de la verdad absoluta y es deber del que escribe hacerlo sobre la absurda realidad se equivoque  o no.
          
Siendo así la actualidad, la que gozamos nos guste o no, hay que echarle más valor que el Guerra, el torero, para meterle mano a este mihura que, a poco que nos descuidemos, nos pueden meter una cornada por donde más duele, que no siempre es el corazón, por parte de la camada de tuiteros que pululan por las llamadas redes sociales.
         
 A un servidor le importa un bledo que esta chica, Cassandra, haya escrito unos pocos de chistes de mal gusto sobre el Presidente Carrero Blanco pasados más de cuarenta años de su asesinato por ETA, pues ya, cuando ocurrió, boca a boca, se hicieron multitud de ellos; ahora lo que se estudia y se vocifera es si la condena impuesta es justificada o no.
          
Y tampoco eso me lleva a no conciliar el sueño, pues para mensajitos de Cassandra peor aquellos que hablaban del deseo de que Cifuentes se muriera antes de la doce de la noche de su accidente o que Suárez debió morirse antes de que hiciese la reforma política o que a Rajoy no le vendría mal que alguien le pegase un tiro, entre otras “chiquilladas” que ha escrito la tal.
         
 A mí, pero lo digo de verdad, lo que me preocupa es que llevo dos noches soñando con Cassandra y teniendo pesadillas de mucho cuidado al ver a un “chiquilla” que no pestañea ante nada, parece no sentir, le hace el juego a Iglesias el de la PNL, permanece impávida, es blanca como una zombi y parece pasar de todo lo que vive para hablar solamente de los muertos o desear a los vivos que se mueran o los maten.
          
No dudo que sea buenísima, pero no me fiaría en demasía si la veo al revolver una esquina a eso de las doce de la noche.
          
Venga, ahora que comiencen los tuiteros a lanzar mierda que yo, como Cassandra, deseo ser famoso.




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