martes, 28 de marzo de 2017

Anarquismo, Cristianismo y Liberalismo




Con toda seguridad que este “copo” llega como consecuencia de estas estupideces que se dicen hoy en día sobre política, una de las mayores es la pronunciada por los compinches del partido de Pablo Iglesias para abolir el “enaltecimiento del terrorismo” del Código Penal; pues “viva la pepa” y la madre que nos parió a todos. Sin ganas de disertar del tema murciano o sobre el trípode socialista cuyas patas son Patxi, Pedro y Susana voy a nombrar otro, el formado por tres conjuntos, tres formas de pensar que van en decadencia, a saber: Liberalismo, Anarquismo y Cristianismo.

         Creo que el Liberalismo es un conjunto de ideas, pero no una ideología excluyente. Se ocupa, aunque en la praxis no se preocupe, por la libertad de cada individuo con nombre y apellidos concretos, individuo con capacidad de crear en su entorno posibilidades personales para que los ciudadanos, digamos que por libres y sin el “paraguas” del gobierno, tengan la capacidad suficiente para hacer un mundo más libre y variado, pues a mayores cuotas de libertades individuales corresponden mayores índices de prosperidad; hoy se hace inviable.

         El Anarquismo, el sistema ideológico más bombardeado y atacado por la sociedad sumisa -la que no piensa- tiene como columna vertebral que lo sostiene que el “no gobierno como sistema” es posible siempre que los individuos adquieran una mayoría de edad  real, capaz de servir de motor para denunciar la manipulación del gobierno; sin embargo, históricamente, el anarquismo, por desviaciones fundamentales entre teoría y praxis se ha convertido en el “lobo feroz” y, como tal, hay que acabar con él y de hecho se ha conseguido, pues cualquiera es el “guapo” que se define en una reunión social como anarquista puro.

         El Cristianismo es un reguero de las enseñanzas de un Gran Judío, Jesús de Nazaret. De él, aparte de manidas leyendas, se dijo que “pasó haciendo el bien”. Cuesta trabajo pensar que un hecho insignificante, el de su vida, que tuvo como recorrido un territorio muy localizado y pequeño se haya convertido, pasado el tiempo, en un fenómeno sin fronteras extendido por todo el orden y desorden mundial. Hecho que sin duda es debido a que uno de sus seguidores, Saulo de Tarso, llegó hasta la mismísima Roma, capital del Imperio, para predicar la buena nueva: el amor a los pobres y, por si alguien se mosquea, a los que no lo son.

         Pues bien estas tres constelaciones de ideas y valores: Liberalismo, Anarquismo y Cristianismo tienen veladas sus esencias. Y ello es así, porque la gran mayoría de los que se creen sus seguidores andan colocando puertas y alambradas a sus universales mensajes, o sea, sectorizándolos o, si me apuran mucho, construyendo sectas con tantos partidos, sindicatos, iglesias, comités ejecutivos, dogmas, infiernos y poderes.



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