jueves, 16 de febrero de 2017

La luz, la Sexta y un servidor de ustedes




Allá por el año 1954 ejercía un servidor como Maestro Asesor en la Cabila de Beni Bi Ifrur, más concretamente en el pequeño poblado de Afra centro geográfico entre las minas de Uixan y Setolázar, o sea, en pleno corazón del Rif. Fue allí donde ejercí la enseñanza por vez primera enseñando a los chavales marroquíes el español, idioma que desconocían, al igual que yo no sabía ni papa del cherja, su dialecto; pero en fin, algo se consiguió en justa reciprocidad, más de tres años me tiré por aquellos andurriales alumbrado en las noches por un quinqué, y así vamos a terminar a poco que nuestros mandamases y las eléctricas se empeñen en ello.

         Aquel que no tenga un vicio en su vida que alce la mano; entre varios, ejerzo casi todos los días el de ver a Ferreras, el de la Pastor, en su mitin diario en La Sexta; con él me peleo, río, aplaudo y voy sabiendo cosas sobre juicios, corruptores y corruptos, especialmente de los pertenecientes al ejército de Mariano.

         Algunas noticias me las creo, de otras dudo pero todas me sirven para hacerme una idea, no la de Ferreras, de cómo van las cosas, especialmente las de Podemos.

         Ayer o antier, según cuando lean estas letras, vi el R. Madrid-Nápoles a oscuras, no porque se fundieran las bombillas sino porque Ferreras por la mañana anunció que a partir de las veinte horas el “sencillo” recibo de la luz podría subir unos pocos de céntimos.

         Y así me tienen un día y otro a la espera de que el señor Ferreras anuncie si el meganosequé subirá de precio o, por el contrario, bajará. Es por ello que voy desenroscando bombillas por aquí y por allí para intentar ahorrar algo de la subida del 0,25% de las pensiones.

         Al final he terminado por comprar un gran quinqué con el que me lo paso fenomenal agrandando o empequeñeciendo la torcida y viendo las sombras que se reflejan en las paredes; desde luego que ninguna como la de Yasmira la noche que penetró la casa-habitación del maestro de Afra con su rostro tapado por un velo y dejando al descubierto sus ojos color azabache que encendieron mi ser.


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