viernes, 3 de febrero de 2017

El Andalucismo




Cualquier andaluz de aquellos años -mediado de los 70 de pasado siglo- con un cierto activismo político, era caldo de cultivo para anidar en su corazón una idea que viniese a poner en pie de igualdad a Andalucía con los pueblos del norte de España. Desde luego que yo lo era. Y lo era por esa mezcla de sentimiento que le echaba a mis ideas.

Fuego en el corazón e ideas en la cabeza”, me dijeron en cierta ocasión, era la clave para “comerse” el mundo.

         Así que sentado en un escaño de Congreso oí un día un incendiario discurso de Alejandro Rojas Marcos que introdujo un pellizco en mí y quedé herido de “muerte”. Después llegó lo del referéndum, 28-F-78, el salto de piola que UCD le hizo a Andalucía, el manoseo del PCE, el No de Alianza Popular y la estrategia del PSOE. Y me fui, abandoné el grupo centrista y senté mis posaderas en el surrealista grupo mixto junto a Blas Piñar, Manuel Clavero, Fernando Sagaseta, Hipólito Gómez de las Roces y Juan María Bandrés, entre otros.

         Tras un año de permanencia en él, me incorporé, pleno de ilusión y tras haber leído buena parte de la obra de Blas Infante, al PSA-PA. Lo intenté todo, pero nada fue posible. Ya en aquel tiempo -del hoy mejor no hablar porque el andalucismo está en la escombrera de la política y en el corazón de unos pocos andalucistas- el PA era una pequeña tela de araña cuya red impedía no sólo la consecución del Ideal Andaluz, sino el mínimo posible para barnizar de verdadero andalucismo el pequeño tinglado.

         Digamos que me di por vencido. Un día en la cafetería “El Gallo de Indias” descubrí la causa. El histórico “andalucista” Arredonda me comentó “que los utópicos  no tienen cabida en los partidos políticos y -añadió- tú lo eres

         Apaga y vámonos, pensé, pero llevaba razón, aunque más que él la tenía Blas Infante cuando definió el Andalucismo como un “movimiento de hombres libres”. En fin, que las ilusiones fueron marchitándose. Mantengo el ideal, la teoría y también el sabor de haber sentido a Andalucía como un todo, como un pueblo. Y tengo la esperanza de que los andaluces veamos algún día a nuestra tierra de forma diferente a la actual, o sea, sin tanto ole de por medio.

         Y es que la actualidad andaluza es vergonzante, claro que para darse cuenta de ello hay que tenerla, me refiero a la vergüenza política.


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