viernes, 10 de febrero de 2017

AUTOAYUDA




Llama la atención que, con motivo de la crisis económica de cada día, haya disminuido hasta un 30% la venta de fármacos y, por el contrario, la venta de libros de autoayuda se ha disparado a cifras insospechadas, significante todo ello de que el personal anda preocupado y que el sistema nervioso no obedece a los amarillos comprimidos del valium.

         Así las cosas, la ciudadanía, soberbiamente formada, ha vuelto sus ojos a los estantes para buscar en los libros la solución anímica al hecho de no saber qué está ocurriendo con sus ahorros, hipotecas, herencias, impuestos y falsa felicidad.

         No es misión de un servidor aconsejar lectura de libros de autoayuda, pero si quiero traer a la memoria de algunos y al conocimiento de otros que el primero de los libros, y el que ha alcanzado mayor número de ediciones y traducciones, dedicado a “hacernos persona”, fue, y sigue siéndolo: “Tus zonas erróneas” de Wayne W. Dyer.

         Su lectura me resultó entretenida, sorpresiva en algunos momentos y aleccionadora en el prólogo, del que transcribo el primer párrafo: “Un orador se dirigió a un grupo de alcohólicos decidido a demostrarles, de una vez por todas, que el alcohol era el peor de los males. Sobre su mesa en el estrado tenía lo que a simple vista parecían ser dos vasos llenos de un líquido transparente. Explicó que uno estaba lleno de agua pura y que el otro estaba lleno de alcohol sin diluir, también puro. Colocó un pequeño gusano en uno de los vasos y los presentes pudieron observar cómo éste nadaba por la superficie dirigiéndose hacia el borde del vaso, entonces se deslizó tranquilamente hasta llegar arriba. Luego el orador cogió el mismo gusano y lo colocó en el vaso lleno de alcohol. El gusano se desintegró a la vista de todos. "Ahí tienen" -dijo el orador-. ¿Qué les parece? ¿A qué conclusiones llegan?, Una voz, proveniente del fondo de la habitación dijo muy claramente: "A mí lo que me parece es que si uno bebe alcohol no tendrá nunca gusanos".

         Ya sé que la moraleja que se puede extraer de esta pequeña historieta es manifiestamente mejorable, pero si la trasladamos al asunto de la crisis que siguen espolvoreando bancos y gobiernos, podríamos llegar a la conclusión que lo más conveniente sería, sin más, fundir nuestros desparecidos ahorros y pegarnos una vidorra de puta madre, y después que nos quiten lo bailado.

         Sin llegar a tanto, debemos mostrar el mensaje optimista del alcohólico ante el orador de turno, el Montoro aburrido y taciturno.

         Ah! por cierto: yo tampoco tendré gusanos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada