sábado, 11 de febrero de 2017

Asesino por omisión




Ustedes no, pero un servidor siente hoy un calambre de asco hacia mí mismo que atenaza todo mi ser. Es tan sólo por un momento, después todo pasará cuando salga al encuentro de alguna copa por las cuatro esquinas de mi estúpido territorio en “esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, Málaga”.

         He querido aprovechar el instante de ese maldito anidamiento en mi persona y, por ello, he cerrado a cal y canto ventanas y puertas, he ahogado las voces teóricas que brotan de las tertulias radiofónicas y he dicho que no a un buen café y así, a secas, sin más sinfonía que el latido de mi propio corazón suelto la bilis de esta sociedad anónima, la mía, que actúa por omisión en los asesinatos de niños y mayores que la mar se traga.

         Ayer lloré, qué bien. Sentirse humano en estos tiempos de relativismo y escape es casi un milagro. Tan sólo dos lágrimas surcaron las arrugas de mi rostro. Y sin embargo, la vida, en forma de ríos de cierta salinidad, emergió en este árido desierto que es la cotidianidad ante la mansedumbre de la aceptación del asesinato. Lloré de noche, como dicen que lloran los hombres. Fue por ellos. Dos lágrimas por los hijos de los cayucos.

Tal vez por los años, no espero ninguna sorpresa de vida en mí. Está todo mecánicamente milimetrado, pero que esa cinta métrica que dimensiona el espacio entre la esperanza y la desesperanza, entre la vida y la muerte, asuma con fatalidad la frecuencia de muertes de personas inocentes, y mi encogimiento de hombros, es algo que me sobrecoge.

Y es que puedo perder mi dimensión humana, o sea, corazón humano convertido en corazón de piedra. No, no puedo resignarme a ser un asesino por omisión, no puedo formar parte de una sociedad que, inconsciente, se aleja de la realidad bajo los nombres de crisis, recesión, refugiados sospechosos, etc.

No, yo no, por hoy, nada más que por hoy acuso y me acuso, de pertenecer y medrar en una sociedad que, insolidaria, coloca goznes, cerrojos, candados y fronteras para que todos seamos iguales; me acuso de ser miembro de una sociedad insaciablemente capitalista y consumista que no busca la mezcolanza o el mestizaje como único medio para conseguir la fraternidad humana.

Reconozco, tan sólo por hoy, ser asesino por omisión.

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