miércoles, 18 de enero de 2017

"Del café para todos" al descafeinado




Cuando Manuel Clavero, andalucista burgués y sevillano, pronunció su célebre frase, refiriéndose al proceso autonómico recogido en el Título VIII de nuestra Constitución, de “café para todos” no sabía en el lío que nos íbamos a meter; de momento gozamos de diecisiete banderas, igual número de Defensores del Pueblo, aparte, claro es, de doña Soledad Becerril que ostenta la difícil e imposible misión de defender a la millonada de españoles, otros tantos parlamentos, presidentes, parlamentarios, tres responsables de, pongamos por ejemplo, de cultura por provincia, a saber, el nacional, otro autonómico y el concejal de turno, diecisiete himnos y así podríamos seguir hasta cuasi el infinito; nos salva que Cartagena no se ha erigido en Cantón Independiente, aunque todo se andará.

         Y cualquiera es el bonito que ose echar marcha atrás, pues sería tildado de franquista empedernido por lo de “España: Una”, así que mejor dejar las cosas como están aunque miles de niños no sepan por donde corre el Ebro y sí el Guadalhorce malagueño. Por cierto, hablando de ríos, hagamos realidad ese rancio refrán que afirma sin más: “Agua que no has de beber, déjala correr”.

         Viene a cuento este mosqueo mío de hoy por la desigualdad existente entre los que poseemos el DNI, vamos, que no somos iguales lo diga el Papa de Roma o el Sursun Cordam o la madre que nos parió a todos y cada uno de nosotros, incluidas ellas.

         Por ahí andan reuniéndose los “presis” de las Autonomías, a excepción del “Honorable” y el “Lehendakari”, para ponerse de acuerdo en lo concerniente a repartir nuestros dineros bajo el pseudónimo de “impuestos”, pero que es de nuestra propiedad sustraída por “montoradas” al canto. Todos ellos y ellas tiran de la misma manta y no duden que el más fuerte dejará al otro en pelotas vivas; ¡uf que frío!; por cierto que los expertos en parejas afirman que la mayoría de separaciones viene a cuento de la posesión del cobertor.

         “Anarquía”, toma ya, grata palabra que significa “sin gobierno” porque tenemos la mayoría de edad suficiente para ir tirando sin que nadie nos mande, palabra antigua que, por cierto, está sin estrenar al igual que la “buena nueva” que con cerca de dos mil años sigue en el mundo de la utopía por no decir en el mismísimo limbo.

         Ea, hasta mañana.

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