domingo, 22 de enero de 2017

Al filo del papel




¿Qué ha sucedido? No lo sé, tampoco importa. Lo he sentido. Algo proveniente del exterior ha roto la comunicación, mi equilibrio, mi serenidad. Por eso he venido a este papel para reflejar en él mi estado.

         Los papeles son como la propia vida. Tienen que ser escritos, pues quedándose blancos, son sólo papeles, como podían ser ríos quietos.

         Pobre papel. Cumple una función pasiva. Viene un magistrado y escribe una sentencia de muerte; un enamorado crea un poema; un usurero un frío tanto por ciento; un político embadurna una mentira; llego yo y escribo palabras sin significados aparentes.

         Pude irme a caminar y contemplar el gran misterio de la mar; pude sentarme en cualquier terraza de cualquier plaza y observar a cualquier transeúnte; pude tomar una copa, y otra, y otra más hasta embriagar mis sentimientos; pude tomar un libro y adentrarme en el olvido razonado de mi dimensión humana. Pude, pero no quise.

         He venido hasta aquí: al filo del papel, y en esta arista donde se conjugan sinceridad e intimidad, dar paso a mí mismo.

         No he creado nada en el haz del papel, absolutamente nada, pero toda mi vida está escrita en el envés. Esa vida la conocemos este papel, que dejó de serlo, y yo. Y tú, lector, a poco que con agudeza seas capaz de penetrar estas líneas.

         Este papel ha dejado de ser un simple objeto, y se ha convertido en un ser con vida oculta. Cosas de loco creador.

         Qué maravilla.

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