martes, 24 de enero de 2017

A la atención del señor Pomares, concejal de Urbanismo




El título de este “copo” es largo y más lo sería si hubiese añadido de Málaga y kilométrico si lo estiro con mi coletilla preferida: “la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia”.

         Con la manta en las piernas y unos guantes a los que he cortado la punta de la vaina de los cinco dedos, me encuentro algo molesto por tener apagada tres bombillas de la lámpara y un pequeño calentador a causa del aumento del recibo de luz que merme la calderilla mensual que recibo de papá Gobierno de Mariano Rajoy.

         Pues resulta que tras pasar la barrera de diez mil copos no creo demasiado en que una instancia pueda resolver el problema de movilidad a que estoy sometido todos los días y como he caído en la cuenta que diez mil gotas de agua en forma de opinión no han transformado ni una miaja este mundo que nos rodea, he llegado a la conclusión de escribir sobre detalles de poca importancia y de ahí estas líneas al señor Pomares, concejal que creo es de tráfico, de Movilidad sí que lo es, con el deseo de que, si a bien lo tiene y no conforma un gran gasto para las arcas municipales que administra Francisco de la Torre, alcalde que lo es por voluntad popular, pueda resolver este banal problemilla que narro a continuación.

         Y es que todos los días mi santa esposa y compañera -algo mermada de salud- y un servidor de la verdad –hecho polvo del todo- salimos todos los días a almorzar fuera de las cuatro paredes que nos cobija porque ella, oh Dios, no está en condiciones de guisar.

         Es por ello que por el módico precio de quince euros, somos pobres, diariamente nos alimentamos lo suficiente para seguir “disfrutando” de la vida, mejor existencia; pero resulta, señor Pomares, que tenemos que atravesar, jugándonos la poca vida, el cruce existente entre las calles Montes de Oca y Narciso Pérez Texeira para llegar al lugar donde Jéssica nos pone un primero más un segundo y el postre.

         Y es que señor Pomares, que mire usted que primero giramos la vista a la izquierda y no viene ningún coche y cuando vamos a cruzar aparece un bólido por la derecha y la asumo con amor, a ella; otras veces, las menos, miramos primero a la derecha y plaf, nos detenemos, porque por la siniestra emerge otro bólido con mala uva.

         Sería mucho pedir que diese usted las órdenes oportunas para que sus operarios, los nuestros, pinten con amor uno o dos pasos de cebra para que lleguemos sin sobresalto alguno a ver a Jéssica; de verdad, créame, que llegaríamos a respetarlo como se merece.

         Quedo suyo en la confianza que esta pequeña gota de agua tendrá una adecuada respuesta.

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