domingo, 31 de diciembre de 2017

Cotillón a dúo


Toda esta mandanga de tiempo que los sabios han dado en llamar año, va a doblar esta noche la esquina para zambullirse en un nuevo invento de temporalidad. Se nos va la vida entre uvas y cotillones. Y lo celebramos. Así somos para gozo de nosotros mismos. No hay quien dé más por menos.

Hace años, más de medio siglo, era el padre, el que puesto en pie, anunciaba a la familia los cuartos del reloj de la Puerta del Sol. Todos los miembros del clan estábamos pendientes del gesto paterno. Radio Nacional retransmitía las campanadas. Todo era jolgorio: la abuela, madre, hermanos, anís, coñac, sidra, peladillas y turrón de almendras. ¡Ahora...!, decía el patriarca, y una a una, o con una atragantada de mucho cuidado, las uvas, debidamente escamondadas, se convertían en un rosario de felicidad. Después, los besos a todos y cada uno de los miembros de la familia y, más tarde, el brindis.

El transcurrir de la vida, la existencia, va enterrando a unos y dispersando a otros. Estos, o sea, los otros, van formando nuevas familias. Es ley de vida, y la ley se cumple. Pero en la actualidad no es el padre el que marca el principio del muevo año.

El padre y la madre, ya abuelos, miran a derecha e izquierda y ven tan sólo las estrellitas del viejo Belén. Recomponen la mirada y se observan el uno al otro, estudian el paso del tiempo, las arrugas que crecieron al unísono y, con parsimonia, sin atragantarse y tragándose alguna que otra lágrima de vida, las uvas, al compás de cualquier cadena televisiva, realizan su rítmico caminar de una en una. Y los padres, serenamente, se aman de forma distinta: para siempre.

Es ley de vida, decía, y la ley se cumple. Me quedan, quiero creer, más años de fin de fiesta o de principio de otra. Cada año, cuestión de artritis, nos costará más alzar las copas y tragar las uvas, cuestión de diabetes; pero seguiremos juntos hasta que la ley de vida, la muerte, nos separe.

Va por ti, mujer; por todas.

www.josegarciaperez.es

sábado, 30 de diciembre de 2017

LIMÓN




De manera que, lo que son las cosas, al otro día de marcharse mi “niñadiós” después de pasar la “la noche más buena de todas las noches” con esta débil pareja de ancianos volvió a regresar desde el punto más sureño de Europa con las dos nietas -Carmen y Elena- a pasar otras treinta y seis horas con nosotros.

          Pero no vinieron ellas solamente, sino que con ellas llegó un extraño y pequeñín extranjero de otra galaxia que ha posado sus alas entre nosotros para hacernos compañía de la buena, y digo de la “chachi” porque existen otras de las que hay que huir.

          Es un pequeño canario al que, exceptuando darle de mamar, tengo que educarlo, convertirlo en tenor y hacerle cómplice de todos mis pecados que, por cierto, serían la felicidad o envidia, según se mire y mida, de multitud de humanos con sus defectos y virtudes.

          Ya ha sido bautizado con el nombre exquisito de Limón por su maravilloso colorido que, con microscopio incorporado, puede llegar a ser de un ligero verde sin llegar jamás al chillón colorido del verde bético que espera el próximo seis de enero para vencer a la blanca camiseta sevillista.

          Esta mañana he pasado con él un par de horas -tiempo que necesitaba Incondestai para sentirse repleta de felicidad con mi compañía- en la terraza al tempo que sonaba desde mi viejo móvil -diez años de existencia- los cantos de canarios insignes; o sea que le dedicado más horas que el rato en que construyo un poema para muchas de mis amadas ilusiones.

          Lo veo y me alegro, lo miro y me entristece porque me recuerda aquella vieja canción que decía en una de sus estrofas lo siguiente: “Soy como el pájaro en jaula/ preso y hundido en tu amor/ aunque la jaula sea de oro/ no deja de ser prisión

          En fin, que como decía el maestro Manuel Alcántara, los amigos se ven y se encuentran en las cárceles, hospitales y los recitales de poesía, así que hoy puedo afirmar que se ha posado junto a mí un nuevo amigo del que pienso disfrutar lo infinito.




jueves, 28 de diciembre de 2017

Acuario





Después del zipizape de Tabarnia y teniendo en cuenta que Aragón no lucha por su histórico reino; una vez que en Andalucía se vuelve a comentar lo de las dos Andalucía, la oriental y occidental; dado que Cartagena desea volver por sus fueros y que el Ebro es de unos pocos; ahora que nadie cree en Don Pelayo y que Teruel existe gracias a sus “cursillos de amor”; ya que Medina Sidonia reclama su Ducado y la incorporación de Melilla al mismo, y vista la posibilidad que aparezcan las dos Castilla, a saber, la Nueva y la Vieja… un servidor ha decidido escribir lo menos posible de política a no ser que Rajoy dimita, Pedro Sánchez nos explique muy requetebién eso de que España es una nación de naciones (incluida Murcia), o que Pablo Iglesias done un par de besos al guapera de Rivera.

          Así que para comenzar esta nueva serie os diré, queridos lectores, que por ser acuario os pido no me dobléis, maltratéis o lastiméis porque soy humano y, por ello, sensible, muy sensible a jodiendas que no  tienen enmiendas; y aunque por ser acuario levito a cinco centímetros del asfalto, puedo, sin embargo, ser compatible con todo y todos -incluyo a todas- porque el acuario es una muy rara ave que se acomoda fácilmente a los nacidos en cualquier signo del zodíaco, muy especialmente con “cáncer y géminis”.

          Mañana los astros me aconsejan que medite mis decisiones amorosas y no persiga imposibles, por ello tendré que tachar de la maldita agenda a dos o tres doncellas que me tienen sometido a un extraño desvarío de sueños y ficciones encantadores; por el extremo material afirman los astros que aparecerá una eventual emergencia económica y me aconsejan que no salga de casa bajo ningún concepto.

          Lo dicho: dejo la política por un tiempo y regreso al lugar del que nunca tuve que salir: la ensoñación de la utopía.

          ¿Vale?

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Un día cualquiera de Navidad





En pleno corazón de estas fiestas, llegó nuestra hija para acompañarnos en “la noche más buena de todas las noches”; y lo hizo con sus dos chihuahuas -Rambo y Ginebra- que, por cierto, alborotan lo suyo: lo que es de agradecer en este pequeño hogar repleto de silencio y cariño.

          Del trío de día que ha enternecido un poco más este par de ancianos corazones, uno de ellos se arremangó e insinuó esta noche vamos a salir para ver el alumbrado de Larios, la calle más coqueta de Europa.

          Que sí, que no, que ya no estoy para eso, que no puedo casi andar, etc. En fin, que no hubo forma de convencer a la chiquilla; de manera y forma que nos abrigamos -yo me puse los zapatos más viejos, ya saben- y juntos a los dos caninos comenzamos a andar, más o menos, el par de kilómetros que entre ida y vuelta pueda existir entre el reinado del silencio y la algarabía de la muchedumbre calle arriba, calle abajo paseando -entre achuchones- por el asfalto de la céntrica vía malagueña.

          Habían “caído cuatro gotas”, las suficientes para que el asfalto estuviese mojado por lo que anduve con sumo cuidado no fuese a dar con los ciento ochenta y dos centímetros por los suelos; los perritos iban gozando de lo lindo al tiempo que marcaban su territorio.

          Llegamos a Larios y di gracias, lógicamente en silencio, a nuestra “niñadiós” por haber conseguido que mis ojos se alegraran con un gentío que caminaba disparando fotos sin parar; nos acomodamos en uno de los bancos de frío mármol los cinco, encendí un cigarrillo ganado a pulso y exhalé volutas de humo condensadas por la humedad.

          Una buena mayoría de los que paseaban se detenían ante nosotros para acariciar a Ginebra y Rambo; nos faltó pasar el platillo para recoger algún que otro euro.

          “Papi: ¿cogemos un taxi para regresar a casa?”. La observé con infinito cariño y le dije: “No, me la juego”.

          De manera que regresamos sin prisas, pero manteniendo el tipo. Fui feliz, fuimos felices en la inmensa aventura.

          Qué poco necesita el ser humano, pensé. Tal vez con tener una hija, dos pequeñísimos chihuahuas y una gran “pastora” sea suficiente.