viernes, 30 de diciembre de 2016

Cotillón a dúo





Toda esta mandanga de tiempo que los “sabios” han dado en llamar año, va a doblar esta noche la esquina para zambullirse en un nuevo invento de temporalidad. Se nos va la vida entre uvas y cotillones. Y lo celebramos. Así somos para gozo y pena de nosotros mismos; no hay quien dé más por menos.

Hace años, más de sesenta, era el padre, el que puesto en pie, anunciaba a la familia los cuartos del reloj de la Puerta del Sol. Todos los miembros del “clan” estábamos pendientes del gesto paterno. Radio Nacional retransmitía las campanadas. Todo era jolgorio: la abuela, madre, hermanos, anís, coñac, sidra, peladillas y turrón de almendras. ¡Ahora!, decía el patriarca, y una a una, o con una “atragantera” de mucho cuidado, las uvas, debidamente escamondadas, se convertían en fiesta. Después, los besos a todos y cada uno de los miembros de la familia y, más tarde, el brindis con sidra El Gaitero.

El transcurrir de la vida -la existencia- va enterrando a unos y dispersando a otros; estos, o sea, los otros, van formando nuevas familias. Es ley de vida, y la ley existe para que se cumpla, pero en la actualidad no es el padre el que marca el principio del nuevo año.

El padre y la madre, ya abuelos, miran a derecha e izquierda y ven tan sólo las estrellitas del viejo Belén. Recomponen la mirada y se observan el uno al otro, estudian el paso del tiempo a través de las arrugas que crecieron al unísono y, con parsimonia, sin atragantarse y tragándose alguna que otra lágrima de vida, las uvas, al compás de cualquier cadena televisiva, realizan su rítmico caminar de una en una. Y los padres, serenamente, se aman de forma distinta: con cariño y para siempre, o sea: para una pizca de tiempo.

Es ley de vida, decía, y la ley se cumple. Me queda, quiero creer, alguna que otra fiesta de fin de “curso” o de principio de otro, y cada año, cuestión de artritis, nos costará más alzar las copas y tragar las uvas, cuestión de diabetes; pero seguiremos juntos hasta que la ley de vida, la muerte, nos separe.

Va por ti, “pastora”; por todas las mujeres.


NOTA: Lo “cuelgo” hoy porque este Copo ya marcha camino de la prensa para que se publique mañana.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Buen día tenga usted





Sé que es difícil que todos tengamos un buen día, pero lo es más cuando nos encontramos con alguien, más o menos conocido, y le deseamos buenos días, en plural quiero decir.

         El deseo de felicidad de uno mismo y del otro tiene que ir cumpliéndose momento a momento, rato a rato, día a día. El personal lo quiere acaparar todo de momento y la cosa se estropea. Y es que no puede ser. No todo el mundo es bueno o todo el mundo es malo. Menos aún que una sola persona tenga todos los atributos para creer que es bueno, santo o mártir; ni tampoco lo hay malo del todo.

         En cada uno de nosotros viven una multitud innumerable de seres distintos que pelean unos con otros a brazo partido para que emerja el que tenga más fuerza. En ese combate con uno mismo, que es el peor de los combates que se puede tener, porque siempre pierdes aunque ganes, algunos se refugian en la religión preceptiva, la que dicta y ordena, otros en la política, la que ordena y distancia, y los menos en el acontecimiento del amor, o sea, en ese dejarse llevar por la felicidad de ser libres y no tener ataduras que le impidan a uno gozar.

         Claro que hay quien goza con el sufrimiento. Sufrir, dejando a un lado el dolor, es tener envidia del otro o de los otros sin que exista una causa razonable. Al envidioso o envidiosa se le nota al instante; tú dices algo que hayas hecho, y ellos ya lo realizaron, y si se te ocurre decir algo que vas a hacer, ellos ya vienen de vuelta.

         El envidioso, o sea, el no feliz, no pregunta nunca cuando sabe que la respuesta del otro puede suponer una afirmación de felicidad, de riesgo, de aventura, de compromiso. Hace mutis por el foro, baja la cabeza, se encabrita con él mismo y se lo comen los demonios, aunque todo lo disimula con una patochada que no viene a nada.

         Yo, palabra de honor, le deseo a usted un buen día; desde luego que el menda lo va a tener leyendo unos poemas en un sencillo e íntimo bar tomando una copa, o dos, con personas que son lumbreras, pero sencillas, o sea sin currículum vitae. Y es que ese cóctel donde se combinan sencillez con intelecto es difícil de conseguir.

         Buen día tenga usted.

www.josegarciaperez.es

martes, 27 de diciembre de 2016

Del beso al bocado




Ni Navidad ni nada que se le parezca, el personal de “Podemos” parece que se ha puesto a guerrear internamente; y digo “parece” porque los malintencionados afirman que todo es un paripé entre ellos para acaparar algo más de atención ya que en estas fiestas la política se diluye algo ante el tronío de la zambomba.

         Así que con sumo cuidado habrá que tratar este asunto que trae de cabeza a los inscritos y adscritos a los morados círculos. Yendo sin rodeos a la cuestión todo hace indicar que andan a la gresca teórica-política Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, “malo” y “bueno” de la formación que, no hace mucho tiempo se largaron un buen beso en los mismísimos labios, costumbre del rancio comunismo soviético, y un par de besitos en los mofletes correspondientes.

         Cuando se da un beso en condiciones, dan ganas de pegar un suave mordisquillo en los labios de ella -yo siempre lo hice con una ella-, pero estos chavales andan a bocados entre ellos. Sus correspondientes fans, Irene Montero por Pablo y Rita Maestre por Iñigo, defienden a sus modelos a muerte, mientras Echenique, el “organizador” del festín, ríe que te ríe al tiempo que twuitea enmarcando “Iñigo, así no”.

         Pronto, demasiado rápido, los enemigos de la “casta” -generación política del 78- van urdiendo mimbres similares a los que criticaban, aunque sin tapujos; y así, nada más sentarse en el sillón de mando de Madrid el podemita Espinar, súbdito de Iglesias, ha destituido a López, portavoz de “Podemos” en Madrid y afín a Errejón; dio lo mismo que fuese Nochebuena, la cosa era hacerle la santas Pascuas. No olvidar que el tal López fue el número uno de la lista de “Podemos” a la Comunidad de Madrid.

         Existe un juez en excedencia que es diputado por Podemos y el buen hombre quiere poner paz en todo este cotarro, para ello ha comenzado a hablar en contra del centralismo, o sea, de hablar y hablar nada más que de Madrid y su señoría, hombre justo, la está liando con su punto de vista, vista corta que tiene el buen señor pues en este fiasco llamado España nada más se farfulla de Cataluña y Madrid, a las demás Comunidades, con perdón, que les den.

         Lo de la coralidad, palabra de nuevo cuño, se está diluyendo mientras emerge la posibilidad del poder absoluto para Iglesias: eso es lo que se realmente está en juego.


          

lunes, 26 de diciembre de 2016

Algo cursi, sí queda




No se refería un servidor a que usted fuese ateo, señor Mancebo, otra forma, por cierto, de profesar la “fe”; el ateo fue el amigo que me invitó a ostras y a un par de botella de marca vergonzosa, pero de sabor exquisito.

         Los pimpollos que padecimos y vivimos el franquismo desde nuestro nacimiento hasta la muerte del dictador gustábamos de inventarnos frases cursis para engatusar a las mozas de ese tiempo; un servidor es casi autor de la que trascribo a continuación: “Si no tomo tu manzana, oh diligente niña, no es porque me recuerde el grandioso pecado de Eva, sino porque no puedo tomar la manzana que sirvió al famoso físico Newton para hallar la ley de la gravitación universal.”

         Le quiero decir con ello que respeto a Isaac Newton un rato largo, pero no tanto como para celebrar su cumpleaños el 25 de diciembre entre zambombas, panderos y pavos, pero si supiese con certeza quien inventó la rueda tal vez le rendiría culto de dulía.

         No sabía que la oruga del pino tuviese por nombre “Thaumotopoea pityocampa”, por lo que le agradezco la enseñanza que casi seguro mañana se me habrá escapado de la maquinaria de mis viejas neuronas; y al igual que lo anterior, mi admiración por su magistral lección sobre la historia a través de los tiempos y pueblos del famoso solsticio de invierno en ese “corta y pega” que queda muchísimo mejor que el plagio del Rector al que han cogido “in fraganti”.

         Lo de tildarle de algo cursi sí es cierto y le pido perdón al respecto, pero no es menos cierto que le deseaba “felicidad, paz y templanza no en estas fiestas de solsticios o navidades, sino siempre”, y no solamente en el aniversario de Newton.

         Lo que realmente yo deseaba decir en la columna era que si los solsticios son la hostia, con perdón, por qué no me felicitaba en el de verano y no digamos ya en los humildes y olvidados equinoccios de primavera y otoño.

         No soy creyente al pie de la letra, creo ser anarco cristiano, pero recuerdo mi niñez y me pongo algo tierno en estas fechas, no por la oruga del pino, sino porque si todo aquello que cuentan del “nacido en Belén” fuese cierto este mundo sería otra cosa.

         Termino por hoy: lo que vale son los “dichos y hechos” que se dicen de Jesús, esa es buena enseñanza y mejor teoría, pero ocurre que están por estrenar aunque tengan dos mil años de antigüedad; ea, vamos a por el amor de verdad.


NOTA: Respuesta a la columna publicada por JM Mancebo en "El Faro de Málaga" 

viernes, 23 de diciembre de 2016

La más buena de todas las noches




Algunos andan engolfados en cambiar el belén por el árbol y la zambomba por el CD. Otros han enviado a los infiernos el anís y lo han cambiado por el vodka acaramelado, y los hay empecinados en descabalgar al rico mantecado por el melocotón en almíbar. Allá ellos. Sé que el progreso se impone en forma de productos congelados de color rosa suave, desplazando de las esquinas el aroma de un buen pavo o un mal pollo de la posguerra por la nada; pero yo, por una noche, la más buena, vuelvo a las raíces y llevo de mi mano a los míos sin posibilidad de escape. Se lo tengo dicho: “si no hay zambomba, estrella y portal de Belén os desheredo

Hoy es la más buena de las noches que podemos vivir. Unos por fe, otros por querer ser. Siempre hay quien pide más y nos dice que Navidad debe ser todos los días; pues seguro quesí,  pero yo me conformo con uno. Si hay dos, mejor, pero si al menos durante veinticuatro horas nuestro corazón deja de ser de piedra y se convierte en carne que late, sabremos gozar de ser humanos, no más, sino sencillamente humanos.

Siempre canto el mismo villancico; después echo el resto entre tangos y corridos mexicanos, pero aquél que aprendí entre las grietas de los pezones de la señora Antonia no hay un progre que me lo birle.

Y además, para escarnio del schnapps de avellana o la copa de manzana verde, alzo la de anís con polvorón incorporado y brindo por la paz, por l@s amig@s y por la ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, o sea, por toda esta gente que vive al regazo del monte y de la mar.

Por la paz, algo más delicado que la tediosa tranquilidad; por la paz que desprenden la libertad y la tolerancia; por la paz que se perpetúa en la sonrisa y no en la facilona carcajada; por la paz que quiero y deseo, la que viene de la mano de la justicia.

Y brindo por Málaga, la que me acoge hace más de cincuenta años. La que me hizo y deshace; por su torbellino de ciudad libre, abierta al mar del asombro y al mar que besa las entrañas de sus hijos.

Es Navidad, la noche más buena. Alzo el anís, suena el pandero, retumba la zambomba. Felicidad es el nombre. Que a todos y todas nos cubra. Ese es mi deseo.


NOTA: Adelanto “la fiesta escrita” porque tengo que enviar este “copillo de nieve” a la prensa para que se publique mañana. Es casi el mismo que el del año pasado; me encuentro cansadillo.