jueves, 29 de septiembre de 2016

El enigmático señor Iceta




Iceta, de nombre Miquel, ha ostentado hasta siete cargos diferentes en los años que lleva introducido en la vida política; ser elegido Secretario General del PSC y comenzar la debacle electoral del citado partido fue coser y cantar, pero ello no quiere decir que no sea un señor simpático, bonachón y bailarín.

         Últimamente se ha convertido en la hada madrina  de Sánchez, algo así como una especie de asesor del bunkerizado Pedro, pero hay que tener cuidado con él, con Iceta,  porque tengo la percepción que es algo gafe; no sé la causa, pero percibo fácilmente a los cenizos.

         Cuando lanzó a los cielos su particular plegaria, introduciendo a la divinidad por medio, en la que solicitaba al señor NO que aguantase, a que nos salvara de la peste bubónica de Rajoy y del Partido Popular y a que no cediese a las presiones, numerosos comentaristas -no recuerdo si un servidor también- nos lo tomamos a guasa; y ahí lo tienen, a Sánchez me refiero, jugándose el tipo en Ferraz y aguantando con sus leales Luena y Hernando las acometidas del llamado sector crítico encabezado por Susana, oh Susana, y la nueva autoridad del PSOE, de nombre Verónica.

         Ahora el señor Iceta ha vuelto a realizar otra petición, en esta ocasión a las fuerzas “progresistas” catalanas y en el mismísimo Parlament de Catalunya, donde ha solicitado del honorable Puigdemont, en el día que las CUP y el personal del feo Tardà han aprobado un nuevo referéndum secesionista para el próximo año, que por favor les diga a los suyos, o sea, a los antiguos convergentes de Artur, que voten SÍ a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados para ser investido Presidente de Gobierno del otro trozo de España.

         Esta nueva plegaria de Iceta ha venido a enrarecer más, si cabe, el trajín que se trae el PSOE entre manos y, para más inri, ha quedado clarividente que el señor NO, que por cierto actúa por “libre” sin haber sido mandatado por Felipe VI, juega a todas las cartas, incluido el comodín de la desfachatez soberanista.

La "ejecución" de la ejecutiva del PSOE




Es algo que se veía venir; creo que a nadie le ha cogido por sorpresa el golpe de timón que ha dado buena parte del ejercito socialista a través de su Comisión Ejecutiva al dejar en “pelotas” a Pedro Sánchez y sus afines.

         Lo cuchillos en el interior de los partidos políticos se afilan de forma desmesurada a la hora de buscar ciertos fines; un servidor, por propia experiencia, ha sido testigo de dos “matanzas”, las llevadas a cabo en UCD y el PSA; hemos quedado muy pocos para poder hablar de ello.

         El PSOE, bueno, parte de él, ha decidido acabar con el señor NO y ello puede acabar muy mal si no se buscan buenos cirujanos que puedan curar o coser las heridas que están produciendo en su tejido orgánico y humano el acoso y derribo de su actual Secretario General, que puede terminar en soldado raso y con gorro de preso.

         Estimación propia y personal, con todo el riesgo de equivocarme, es que Pedro Sánchez va a dejar de ser “piedra” para convertirse en un muñeco de trapo acaparador de toda clase de objetos que sus contrarios, los propios y los interesados, van a arrojarle sin piedad alguna; y en verdad creo que lo tiene merecido por intentar enrocarse en el poder a pesar de ser un claro derrotado en seis elecciones seguidas, llevando al PSOE a las más altas cotas de miseria electoral.

Mentir tiene un pase en política, pero engañar al pueblo en general y a los suyos en particular es difícil de perdonar, pero también no dar el do de pecho a la hora de no reconocer sus derrotas o, últimamente, escabullir el bulto en la elecciones gallegas y vascas han sido los desencadenantes de este inmenso barullo que puede dar al traste con un partido más que centenario.

Decir que no se postularía jamás para ser Presidente de Gobierno, y andar a escondidas con “podemitas” y “separatistas” para intentar sentarse en el sillón presidencial, mientras se bloquea a toda una nación por su empecinamiento puede y debe salirle caro.

Esperemos acontecimientos, pero  creo que su necrológica política está ya redactada.



martes, 27 de septiembre de 2016

Colón, el 12 de octubre y las CUP




Sin prisa alguna iremos observando las grandes aportaciones que los nuevos protagonistas de la política española incorporarán a la ciudadanía para que esta alcance la felicidad perdida.

         Mi fastidiada vista, ha quedado hoy sorprendida por la incorporación que las CUP -esa formación de la izquierda anticapitalista catalana cuya auténtica líder, Anna Gabriel, la que lucha porque los hijos sean educados en tribus- desean hacer para que los barceloneses se sientan orgullosos.

         Dicha formación ha introducido en el orden del día del próximo Pleno del Ayuntamiento, previo al 12 de octubre, que la corporación retire la gigantesca estatua de Cristóbal Colón que se encuentra entre el Puerto y la Rambla para que sea sustituida por una alegoría monumental sobre la resistencia de los pueblos indígenas a ser masacrados por los déspotas y asesinos españoles; en caso de aprobación por el Pleno del Consistorio, todo es posible actualmente, me preocupa algo que se va a hacer con el monumento mencionado.

         Junto a este punto, han insertado también que “ipso facto” se retiren todas las banderas españolas y símbolos monárquicos que ondeen en los edificios públicos de la ciudad de los Pujol y compañía; es posible, ya que las CUP es una pieza importantísima en el nuevo amanecer de la próxima república de Catalunya, que ambas proposiciones sean aprobadas por el Ayuntamiento que regenta la muy noble Ada Colau, señora llamada a más altos honores.

         Hasta aquí digamos que pasable, pero que las CUP hayan pedido que el emblemático y misterioso 12 de octubre sea declarado día laborable es de una mofa insoportable para este pueblo, sea español o catalán, que une como nadie un par de fiestas salpicadas para crear “puentes” de felicidad suprema, y es que jugar con ese día memorable en que durante años ha sido festivo bajo los epítetos, según régimen al canto, de Día del Pilar, de la Guardia Civil, de la Raza, de la Hispanidad o, en el tiempo que corre, de la Fiesta Nacional (no confundir con la “fiesta” de los toros) me parece un craso error de apreciación.

         Que el dios del señor Iceta, al que habrá que seguir implorando, nos ayude en estos tiempos de perversión.

  

lunes, 26 de septiembre de 2016

La plegaria de Iceta




Este nuestro país, España, es en buena parte ateo y, por tanto, no cree en el poder de la oración o de la plegaria soltada a todo pulmón.

         Acaso creen ustedes, queridos lectores que lo de Feijóo ha sido un milagro; si así fuese están ustedes cayendo en un craso error. Su victoria en Galicia se ha basado en un hecho muy normal, la moderación de un político en su hacer silencioso y sin algarabías; exactamente igual que lo de Urkullu en el País Vasco que, a la chita callando, se ha desmarcado en buena medida de las tesis de Sabio Arana y ha proclamado, sin aspavientos, que la teoría del fundador del PNV sobre un Estado independiente vasco no tiene cabida en el siglo XXI y los vascos, buena gente en general salvo las consabidas excepciones, así lo han entendido y lo han apoyado en franca mayoría.

         Todos sabemos que el PSOE de Pedro Sánchez ha recibido duros varapalos en los dos territorios, y lo más lamentable para sus afiliados, que no para los votantes, ha sido superado en ambas comunidades por los hijos de “Podemos”.

         Y ahora, esta misma tarde, gran parte de las baronías socialistas anda en plan rebelión y pidiendo, más o menos, su cabeza “política”, pero él, que se sabe poseedor de la buena nueva, o sea, del NO a Mariano Rajoy, se sabe mandatado por la plegaria de Iceta, el secretario general de partido socialista catalán, para seguir en ese caminar hacia su propia destrucción y, de paso, del histórico PSOE.

         Creyente, quiero creer, se ha apoderado de la plegaria de Iceta y, como un nuevo Moisés, quiere salvar a los suyos en un auténtico éxodo hacia la nueva tierra prometida.

         Y es que Iceta clamó a los cielos: “Por favor Pedro, sálvanos de Mariano Rajoy y del Partido Popular, por Dios líbranos de ellos, Pedro no nos deje, sé fuerte, aguanta las presiones…

         Comprenderán ustedes que Pedro Sánchez se sabe señalado por el dedo divino y ante eso, querido pueblo, es imposible luchar, dialogar y comprender.


        

          

sábado, 24 de septiembre de 2016

Postulando a Juan el de Cartajima




Juan el de Cartajima fue mi gran amigo. Su muerte trastornó mi mente y desde entonces no encuentro la paz auténtica, la mía, y es por eso que hablo y escribo de política, de crisis económica y de otras sandeces que desde esta humilde atalaya de columnista son imposible cambiar.

         Si Juan estuviese vivito y coleando, yo estaría escribiendo de poesía y amor, de lo trascendente y lo oculto, de la profundidad en la sencillez, de la vida normal del pueblo que eligió para vivir y morir, de la puesta de sol y del café de pucherillo, del interior de mí mismo y no del exterior del otro; pero Juan murió, y con él la sabiduría, o sea, el saborear la vida sin grandes empachos de güisqui y vitolas de hombre enciclopédico.

         Tengo, tenemos, que volver a Juan o usted y yo estaremos condenados a soportarnos en esa puja de vanidades que florece en la gran sociedad; así hoy, por ejemplo, estaría obligado a discernir sobre las elecciones gallegas y catalanas, de los líos internos del PSOE, del divorcio de un tal Brad, de echar a cara o cruz si Susana, oh Susana, luchará por ser lo que es hoy Pedro o vaya usted a saber lo que nos impondría la fatal actualidad.

         Me comentaba Juan que en Cartajima, pueblecito de la Serranía de Roda, se vivía con plenitud las veinticuatro horas de los trescientos sesenta y cinco días que conforman ese tiempo que los hombres han acordado en llamar año. Un buen libro de lectura, una partida de dominó, una sencilla tertulia con los hombres curtidos por la serranía, un tranquilo paseo alejado de las encaladas casas, comer y beber algo, y dormir sin despertador y azules comprimidos.

         Un fin de semana que pasé con él, le pregunté por el número de parados que podía haber en Cartajima, y él, con esa socarronería tan propia del hombre sabio me dijo: “no te preocupes por ello, aquí todos cobran el paro; no es ese el problema, sino que se quieren ir a vivir a la gran ciudad.”

         Y siguió hablando de la utopía de la verdadera vida, del encanto de la soledad acompañada, del mestizaje de la sabiduría con el pueblo y, muy especialmente, de la fugacidad de la felicidad.