miércoles, 31 de agosto de 2016

Lánguidamente apagándose




Desperté de madrugada para ver y escuchar la segunda parte del debate de Investidura, o sea, no tengo arreglo; pero bueno, me acepto como soy y pido perdón por ello.

         Del resultado final qué decir, absolutamente nada porque no existe capacidad de asombro y la palabra parlamentaria no tiene valor alguno pues sobre ella planea la cruel disciplina partido.

         Para un servidor, todo un mundo de contradicciones, el mejor de los que han intervenido a bastante distancia del resto ha sido el gallego Mariano que, con su retranca parlamentaria, ha ido difuminando las intervenciones del resto de oradores.

         El que ha sabido defender su postura, muy difícil por cierto, Albert Rivera; creo que ha salido reforzado a pesar de sus pactos a dos cartas, o sea, a derecha con el PP y a izquierda con el PSOE.

         Pablo Iglesias va camino de la repetición total con ese ya muy visto lenguaje o discurso de las “gentes” y su defensa, sin venir a cuento, de exJEMAD Julio Rodríguez.

         Y Pedro Sánchez, el hombre del NO, al que por fin ha entendido el Presidente en funciones, va apagándose lánguidamente poco a poco y ya queda muy poco de aquel hombre rocoso que ha salido malparado en su enfrentamiento dialéctico con Rajoy.

         Y poco más, el viejo parlamentarismo, el de la réplica sin papeles de por medio, o sea, el usado por el “apestado” gallego se ha impuesto, de todas todas, al nuevo pero ajado lenguaje de la nueva política; y es que el pequeño detalle, la ironía, la cachaza y el desparpajo de Rajoy ha prevalecido sobre las ya consabidas retahílas de Iglesias, el no por el no de Sánchez, la desfachatez de Tardà y el aburrimiento pedagógico de Alberto Garzón; al resto, ni lo nombro.

Todo este barullo parlamentario necesita de una pizca de sal y pimienta para que el personal, ahí quedo incluido, no bostece más de la cuenta especialmente cuando el final está anunciado de antemano.

Hasta más ver.

martes, 30 de agosto de 2016

Un discurso más allá de la investidura




Con las cachazas que se preveían Mariano Rajoy ha lanzado su discurso de investidura, con mucho aplomo (no confundir con plomo), más allá de los sentados en sus escaños; quiero decir que, sin la pasión de un mitin pues no era el lugar adecuado y tampoco es buen mitinero, lo ha enviado al conjunto del pueblo español y a buena parte de Europa.

         Ha apelado, tras agradecer a Ciudadanos y Coalición Canaria su apoyo, a la responsabilidad del PSOE pero sin nombrarlo como partido y sin mencionar, ni una sola vez, a su líder Pedro Sánchez; ha omitido hablar de “Podemos” y ha lanzado una buena andanada sobre la unidad de España apelando a los secesionismos de buena parte de Cataluña, por lo que ha quedado claro, pero que muy claro, que ni busca ni desea un solo voto de Esquerra Republicana y la antigua y burguesa Convergencia. Eso sí, no ha mencionado para nada al PNV que, de aquí a nada, se verá inmerso en sus elecciones autonómicas y podría ocurrir que más adelante, si el PNV necesitara del apoyo del PP para alcanzar una posible mayoría absoluta podría recurrir a sus cinco votos con el permiso de Ciudadanos.

         Por si no ha quedado claro, vuelvo a repetir que toda la responsabilidad la ha dejado caer en el catedrático del NO, a saber, Pedro Sánchez.

         Otra cosa digo por si no han caído en la cuenta sí es que ha escuchado el discurso: ha vuelto a repetir que si falla en esta semana su investidura volverá de nuevo a intentarla. Lógicamente esto lo ha dicho de paso para dar una especie de plazo al Comité Federal del PSOE para reunirse y cambiar su NO al gallego.

         Y se acabó; mañana bien temprano, nueve de la madrugada para mí, disfrutaré, si me despierto, con los cara a cara entre Pedro y Rajoy, y este último con Pablo Iglesias, y de este con Albert… y así hasta llegar al diputado Tardà, todo un numerito.

         ¡Ojo con Diciembre!

lunes, 29 de agosto de 2016

Sin asombro alguno




Una persona está acabada cuando carece de asombro, o sea, de la mínima capacidad de alterar su estado de ánimo ante cualquier estímulo proveniente del exterior; no digamos ya del propio interior.

         Pedro Sánchez, líder de este agónico PSOE que padecemos, es un político que parece incapacitado para abrir los ojos un poquito más de lo normal y exclamar un ¡oh!

         Cualquier político puede decir barbaridades, entre otras cosas para eso sirve esencialmente el aforamiento que les beneficia; pero lo que es impropio de un hombre dedicado a que la palabra sea su herramienta de trabajo es ir proclamando insultos a la palabra, al diálogo.

         Puede decir las veces que lo desee NO a la investidura de Mariano Rajoy, que tonto como un ceporro o listo como un zorro, vaya usted a saber, va a una y mil veces a intentar dialogar con él sobre el significado de dicho morfema y todas las veces sale trasquilado o envalentonado porque puede ir arañándole algún que otro voto.

         Esta mañana, a la magnífica hora del vermut, se han reunido ambos durante unos veinte minutos para seguir con ese triquitraca que se traen los dos respecto a buscar el apoyo necesario para ser o no ser presidente de todos los españoles; finalizado el carnaval, ambos han dado la cara delante de la prensa y es ahí, delante de la canallesca y del pueblo español que, aburrido, atiende a estos numeritos, donde Pedro Sánchez se ha suicidado políticamente al decir: “ya saben ustedes que he mantenido una reunión, prescindible por completo, con el señor Rajoy”.

         No acuda, pues, señor Sánchez, a ella, si usted sabía que no servía para nada haga el favor de no tomar el pelo al pueblo español que pudiera estar preocupado por la ingobernabilidad de Mariano; si usted, líder de opinión, no cree en la palabra, en el diálogo, en el asombro o en el atisbo de la sorpresa es que no está usted preparado para parlamentar, sí para atizar.

         Lo mejor es que deje su actual profesión.

domingo, 28 de agosto de 2016

Pues anda que no hay guapos en el PSOE




“¿Y quién es el guapo que le dice NO a Rajoy si se presenta a la investidura con 170 votos?, preguntaba el socialista Fernández Vara, Presidente de Extremadura allá por julio.

         La respuesta la vamos a tener en horas después del pacto entre Ciudadanos y Partido Popular al que, con muchas posibilidades, se unirá la diputada de Coalición Canaria.

         Todo parece indicar que en el hemiciclo, por más que se empeñe el citado Vara, existen guapos y guapas a reventar; por lo menos, por lo menos unos ciento ochenta, o sea, los suficientes, para tumbar la investidura del incansable Mariano Rajoy.

         Cuando el presidente extremeño lanzó esa pregunta a barlovento, lógicamente se estaba refiriendo a los camaradas de su propio partido y no, lógicamente, a Bildu; digo lo anterior porque Pedro Sánchez en su día, todos los días son suyos, dijo aquello de que ellos siempre dirían NO al PP y a Bildu.

         Sabedor Rajoy de aquella famosa frase “perica” de que “No es no y dígame que parte del NO es la que no ha entendido”, refiriéndose a Mariano, rápidamente ha torpedeado cualquier asomo de infantilismo de Sánchez de pactar con Bildu y compañía, afirmando que si falla la sesión de investidura volverá a intentarlo no sea que Pedro Sánchez se desdiga de lo dicho en intente ser Presidente del Gobierno de España con la marca blanca de ETA.

         Creo que Pedro Sánchez desea morir matando como el famoso general Custer y su Séptimo de Caballería en la batalla de Litle Big Horm, o cosa así; lo malo es que en su empeño puede llevarse por delante a buena parte de su electorado por mucho que se empeñe en no dejar a “Podemos” pasear feliz por la oposición.

         Ahora todo se reduce, a no ser que en el PSOE existan feos o feas, a intentar que las terceras elecciones no coincidan con el día del nacimiento de Jesús, no por votar o no, sino por respetar el cumpleaños del nacido en Belén.


sábado, 27 de agosto de 2016

Posible revitalización del enfermizo bipartidismo




Todo parece vislumbrar que vamos a las terceras Elecciones Generales el próximo diciembre con la máxima de que “a la tercera será la vencida”; en fin, veremos lo que ocurre pero mientras tanto gocemos de un Gobierno en funciones cada día más delgado y con pocas posibilidades de legislar, lo que hace que le economía siga mejorando.

         El repetitivo “no” o abstención de Pedro Sánchez al PP de Mariano Rajoy y al de cualquier sustituto del gallego nos aboca a tener que depositar una nueva papeleta en la urna correspondiente; ahora de lo que se trata es de no hacer la puñeta el 25 de diciembre a los ciudadanos que conformen mesas electorales, y en ello están empeñados todos los partidos políticos porque ninguno saldrá beneficiado de tamaña “putadilla”.

         El PSOE sabe que debería facilitar, mediante una abstención, la investidura del hombre que camina de la forma más extraña conocida en el mundo, pero también sabe que su adversario “Podemos” le comería el liderazgo de la oposición; terrible problema, quieran o no, al que se enfrenta el socialismo español.

         Ciudadanos, el colectivo político de Albert Rivera, ha hecho todo lo posible por distanciarse del resto de partidos pactando en una ocasión con el PSOE, acto que le costó uno cientos de miles de votos, y en estos días intentando cerrar un acuerdo con el Partido Popular que le puede hacer perder otro puñado de votos por el ala más progresista de su doble alma; pero en fin ese es el lógico precio a pagar por intentar ser carne y pescado al mismo tiempo.

         “Podemos” parece diluirse algo después de aquel intento de “asalto a los cielos” y de la caída anímica de Pablo Iglesias, acrecentada tras escuchar la jota que se ha tirado el amigo Echenique, las marejadas que se están viviendo en Galicia y su amorío con el amigo Otegi.

         Rajoy hará del posible debate de investidura su primer mitin electoral que, con el beneplácito de Ana Pastor y el Reglamento del Congreso, puede servirle como pistoletazo de salida para el diciembre electoral.

         Todo apunta a una posible revitalización del enfermizo bipartidismo a costa de los “emergentes”.

En fin: ya veremos, o no.