martes, 31 de mayo de 2016

Carta de un abuelo a su nieta




Bueno, mi niña Carmen, has cumplido 18 años, o sea, según las leyes ya tienes mayoría de edad, y para más inri ha coincidido con el hecho de haber aprobado el Bachillerato y tener a tiro de piedra la Selectividad, qué bien.

         Y dentro de nada te podrás acercar, o no, a una mesa electoral para depositar un voto al partido político que desees, además de otras cosas que por tener “mayoría de edad” podrás hacer.

         Desde pequeñita, al igual que hice con tu hermana Elena, te llené la cabeza de pajaritos para que cuando llegases a ser mayor supieras discernir entre los pajaritos de tu abuelo y los buitres que revolotearán alrededor de ti como presa a compartir.

         Es bueno que hoy hablemos de qué significa realmente tener “mayoría de edad” que, como ya me conoces bien, no es desde luego haber cumplido 18 años, pues existen muchísimas personas -yo las conozco a porrillo- que tienen cuarenta, cincuenta, sesenta o más años y no tienen esa famosa mayoría de edad que tú, según las leyes, has alcanzado.

         ¿Y qué es tener mayoría de edad, niña Carmen?, pues verás querida chatilla, llegar a ese estadio de la vida significa saber dar respuesta a las muchísimas preguntas que la vida y lo que llaman sociedad o mundo te van a hacer durante toda tu existencia sin necesidad de que vayas y vayas preguntando a otros lo que debes responder, sino que debes ser tú solita la que contestes al extraño mundo que nos rodea y que siempre está en continuo cambio.

         A mí, querida chatilla, exceptuando en mis tiempos mozos, igual que los tuyos de ahora, en que me preguntaban por Matemáticas o Filosofía, jamás la vida me preguntó si sabía hacer una raíz cuadrada sino qué camino debía de tomar en mi vida, qué mujer quería aceptar libremente, qué valores debía adoptar ante un mundo en cambio, qué determinación tomaba ante un auténtico problema y qué sentido tenían la libertad y la igualdad.

         Confío y deseo en que apruebes la selectividad a la primera, pero tampoco importa en demasía, porque lo esencial, no lo olvides, es aprobar en la vida que te espera.

         Felicidades, besos y mis deseos que sepas comprenderme.


        

lunes, 30 de mayo de 2016

De mi primo Antonio a Luis Guerrero





Mi primo Antonio, hijo del patrón de pesca conocido por “El Lajarín” y que fue condecorado con la Cruz del Mérito Civil por un salvamento marítimo en una perra tardenoche de levante melillense, era un “peladilla” de mucho cuidado; mientras vivió lo hizo del cuento, algún tiempo de pescador y la mayoría de las veces de sus artimañas para sacar dinero al más pintado.

         Cuando chaval yo, me contaba sus historias de tal forma que me quedaba boquiabierto; era un artista dialécticamente, embaucador de mujeres, muy peligroso si tenía que enfrentarse con alguien y un buscavidas.

         Estaba un servidor destinado en Melilla e invité a almorzar en casa a mis padres y suegros; pensé que mi primo Antonio, nadie como él, podía buscarme un kilo de langostinos de la Mar Chica. Así fue y por cierto los coció con ese punto que solamente un pescador de cubierta sabe hacerlo; se los pagué y en paz.

Durante la comida, no sé cómo, puede ser que por el rechupete de los langostinos, mi madre me preguntó a cómo me había cobrado el primo el manjar, le contesté que a tanto; mi padre me preguntó si se los había pagado y yo, naturalmente, dije que sí.

Pues bien, mi primo Antonio había paseado los langostinos por La Hispana, imprenta de mi padre, y por una tienda de ultramarinos que mi suegro tenía en el Mercado Central de Melilla, y también se los había cobrado a ellos; mientras mi madre, tía carnal de mi primo, agarraba un enorme berrinche, yo, que soy como mi madre me parió, no paré de reírme.

         Pues bien, el ex consejero de la Junta de Andalucía señor Luciano Alonso, cuando lo fue de Educación y Cultura, antes lo había sido de Turismo y Deportes, tuvo a bien nombrar a don Luis Guerrero “Director del Centro Andaluz de Flamenco de Jerez de la Frontera”, nombramiento que ha durado tres años durante los cuales el flamante “dire” no ha aparecido por Jerez ni se le conoce´, aunque todo parece indicar que ha estado cobrando por no hacer ni el huevo.

Por ello, y como inicio de todos los líos que se esperan con los EREs y Cursos de “Formación”, ambos compadres están citados a declarar hoy ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

         De uno a otro, de mi primo Antonio al honorable Guerrero, hay una enorme distancia, pues al menos mi padre, menudo era Fernando “el de la Imprenta”, consiguió que “El Lajarín” trajera a casa dos kilos más de langostinos.

sábado, 28 de mayo de 2016

Señor Iglesias: ¿Usted cree en Dios?





Por tierras de Sitges se han celebrado unas Jornadas del Círculo de Economía, flor y nata del Ibex, en la que han participado los líderes de los partidos políticos bajo la coordinación del señor Costas.

         Pablo Iglesias, imparable en los sondeos que se están publicando para las elecciones del 26-J, ha perdido la gran oportunidad de su vida en la obtención de una posible mayoría absoluta cuando el citado Costas le preguntó: “Señor Iglesias: ¿Usted cree en Dios?”; y él, con sumo respeto, contestó que Dios es un significante de difícil definición, pero que él, Costas, seguro que comprendería que la respuesta solamente debía pronunciarse en el ámbito de lo privado. Y ahí quedó todo.

         Creo, pura estimación personal, que tras lo ocurrido entre la flor y nata del empresariado y banca nacional al señor Iglesias le faltó el reflejo para cantarle las cuarenta a ese conjunto de señores que maneja el cotarro del capital privado español, o le faltó chispa o agallas, o es que sencillamente tiene un discurso lineal o no quiero creer que se apabulló ante el poder real de España, y no el que creemos pueda tener el señor Mariano.

         También el líder de “Podemos” pudo espetar al señor Costas con otra repregunta: “¿Y usted, cree en Dios?”; pero no ocurrió y la cosa quedó saldada con una doble sonrisa.

         Claro que Pablo Iglesias también pudo contestar aquello de que no se puede poner “una vela a Dios y otra al Demonio”, y que por tal motivo no se veía con argumentos para hablar de Dios en aquellos momentos; más aún, si le hubiese contestado: “pues mire señor Costas, recuerdo que hay un pasaje en los hechos y dichos de Jesús en el que se afirma que no se puede servir a Dios y al Dinero, y tengo la sensación de estarle haciendo el juego en estos momentos a los que sirven al dinero en nombre de Dios”.

         Quedé defraudado del señor Iglesias que, tal vez, no lo sé, se sintió complacido de estar entre mercaderes que buscaban su cobijo y por eso no se desabrochó el cinto y la emprendió, como el Nacido en Belén, con los que allí estaban.

         Perdió su oportunidad y quedó como alguien tibio, aunque muy respetuoso con los que después atiza a mansalva. Ya saben, cuando “pasen lechugas”, cómprenlas.

viernes, 27 de mayo de 2016

Y de política, nada de nada




Y yo que creía saber algo de política, me topo con la increíble realidad de ser un ignorante de la misma; no es que me avergüence de tal cuestión, pero sí es cierto que me voy sintiendo desplazado del ramillete de conocidos con los que pasaba ratillos de amena charla sobre la cuestión.

         Lo anterior no quiere decir que me haya instalado en una desierta isla donde no desee saber nada de lo que parece preocupa al personal, no es esa la cuestión, no, sino la matraca repetición del siempre decir lo mismo y escuchar, cuando no oír, idéntica canción: que si la derecha o la izquierda, lo viejo y lo nuevo, los hundidos y los emergentes, la corrupción y la justicia, Valencia y Madrid, rojos y azules y, cómo no, la maldita guerra civil española del primer tercio del siglo XX.

         Ya está bien, me digo una y otra vez; que si me planto en Venezuela para arreglar lo de Maduro, que si el PP está podrido por la corrupción del Bigotes, Correa, Rita, Granados, etc., que si el PSOE le pone una vela a dios y otra al demonio sin saber a ciencia cierta quiénes son los personajes que se atribuyen semejantes personajes, que si Podemos es la peste bubónica mientras sigue, según sondeos, acumulando voluntades, y tres veces seguidas etcétera, etcétera y etcétera.

         Y ahora surge como novedad que el PP valenciano vende participaciones de lotería para sacar alguna calderilla y plaf, llega la Sexta acompañada de la Cuatro, Antonio y Javier, y toma del frasco Carrasco que te doy donde ya no duele, en el flagelado costado de la corrupción. Y, para más inri, el ejército del PP parece que, siempre según encuestas, sigue engordando el talego de los votos porque, según me comenta mi vecino del quinto piso en la nada del ascensor: más vale malo conocido que bueno por conocer.

         La Lotería, uf, qué negocio y forma de obtener dinero casi negro y a veces negrillo del todo cuando por un décimo las hermandades, cofradías, colegios, peñas, movimientos cristianos y ateos venden participaciones con el veinte y, a veces, treinta por ciento de recargo, mientras el paciente vendedor ambulante de la misma cobra un diez por ciento al cliente que anda soplándose una fresca cerveza acompañada de unas gambas que saltan de frescas.

         Hablad del amor, malditos.

         NOTA. De un tirón nació este Copo, o sea: quince escasos minutos.

www.josegarciaperez.es

jueves, 26 de mayo de 2016

El desguace del viejo Toledo ...




A determinada edad, la mía podría ser, los días pesan en su transcurrir, los días y todo lo que les acompaña. Uno hace encaje de bolillos para que no sean todos clónicos y es por ello que, a través de líneas como las de hoy, carga de sentimientos el desguace de un viejo automóvil que ya por inservible, no sé bien si el que no sirve es el conductor, se lo quita uno de en medio tras un servicio de 137.000 kilómetros y veinticinco años de complicidad.

         No soy un “fiebre” de los coches, hecho que se puede comprobar comparando los años del Toledo y el kilometraje realizado; pero sí es cierto que lo he sentido porque ha sido objeto de múltiples aventuras y descubrimientos. No duden que podía haber acabado él conmigo, pues motor tiene para eso y para más; pero mis torpes pies y mi cerebro ya no se ponían de acuerdo en pisar el freno o el embrague, así que opté por su final.

         Fue el primer Toledo que la casa Seat colocó en el mercado, y los expertos afirman que ha sido el mejor de la gama, y yo corroboro esa afirmación pues jamás me dejó tirado en el camino que me llevaba desde el Mediterráneo al Atlántico en busca del lugar “donde el viento silba nácar”; este verano, hay que ser optimista, encontraré el modo de llegar a volver a ver los esteros de la marisma vertiendo aguas que la cubra y giraré la vista a poniente y levante para percibir en el silencio el asentamiento junto a mi persona del beso perdido.

         No vamos a llorar por un “viejo trasto” retirado de la vía pública, pero debe ser que los años consiguen que los corazones, aunque más achacosos, se conviertan algo más tiernos con aquellas “cosas” que te han acompañado, todavía algunas lo siguen haciendo, en tu devenir obligado hacia lo ignoto.

         Aquella pluma que ya no se usa, esas fotografías en álbumes amontonados en estanterías a las que algún día habrá que tijeretear -incluida la de la santa madre- antes de que sean pacto de contenedor, las “virutas” de poemas que nada dicen a nadie, aquellos recortes de prensa en que tu imagen adornaba críticas poéticas y políticas, miles de “copos” en prensa escrita o en archivos de ordenadores; en fin, recuerdos tuyos que serán estorbos para otros.

         Hay tantos “toledos” por desguazar que no sé si tendré tiempo para ello; queda pues trabajo para que los días transcurran con alguna que otra lágrima que brote ante el desguace de un recuerdo ya olvidado.