martes, 29 de marzo de 2016

En busca de la "perla" auténtica




De todas las parábolas -esa forma de enseñar al pueblo con sencillos cuentos extraídos de la vida común- contenidas en los libros que parecen narrar los dichos y hechos de Jesús de Nazaret, existe una de gran contenido plural, o sea, aplicable a otras vivencias más allá de la estrictamente religiosa. El cuento, la parábola en cuestión, es la pequeña historia del mercader de perlas, el agente comercial ocupado en la compra y venta de las mismas que un día, pura chorra, se encuentra con la perla, y contento y entusiasmado vende todas las que tenía para adquirir la del hallazgo. El protagonista de los Evangelios compara esa (la) perla en particular con el Reino, tal vez sea más teológico decir Reinado de Dios.

En el campo del amor, este ejemplo es fácilmente comprendido por los que alguna vez se han enamorado, algo distinto a querer o cariño. Los que aman o han amado son una muy rara especie en riesgo de extinción. A veces los hombres y mujeres andan entretenidos en la búsqueda del otro u otra. Van encontrando en su camino la diversidad cultivada, a saber, un collar de perlas iguales. Un día, porque sí, no hay más explicación en estas cosas, se encuentra con otra u otro que no forma parte del collarín de hombres y mujeres iguales o fotocopiado/as, y todo se hace fiesta.

En otros campos, por ejemplo la poesía, nos entregan fotocopias de un mismo poema original, aunque con el tipo de letra ligeramente cambiado. Esos poemas pasan de largo, como una especie de silbo sin roce de hojas o de vida. En ese recorrido diario por la lectura poética, un día, también porque sí, un poema abre la intimidad de la puerta de la conmoción y se produce el milagro, la poesía.

En política es más difícil encontrar la perla, quizás porque la política tiene muy poco de poesía y nada de amor. Además, en la retranca se encuentran los otros mercaderes de la cosa política para hacernos ver que lo que parece relucir como perla verdadera es una vulgar perla cultivada, una más del clónico collar de la bisutería ramplona de escaparate.

Querido lector o lectora, a poco que usted escudriñe en los titulares de lo mediático, llegará a comprender lo vacuo de ellos. Nunca se encuentra en lo aparatoso la verdad, la vida, la perla o el amor. Todo ello yace escondido en la sencillez de la humildad.



lunes, 28 de marzo de 2016

Del sufrimiento al dolor




Esta sociedad camina hacia el dolor; sufrir ya lo hace. No es lo mismo dolor que dolerse; cuando uno se duele a sí mismo, sufre. Dicen los místicos de todos los tiempos que el sufrimiento, bien llevado -vaya usted a saber cómo se consigue eso- hace a la persona más fuerte. También se sufre al observar el dolor de los demás o ante el amparo o el aliento que algunos necesitan para seguir tirando del carro. Dejemos claro, por tanto, que sufrir, lo que se llama sufrir, es un mal generalizado en este valle de lágrimas.

            Lo del dolor es harina de otro costal, si es de muelas para qué vamos a hablar y si, por casualidad, es el dolor de corazón que, según la Iglesia debíamos sentir para hacer una buena confesión, apaga y vámonos.

            Ahora, vuestros gobernantes, yo soy rancho aparte, andan recortando toda clase de especies, desde sueldos a dignidad. Entre las más discutidas por el sufrido y sumiso pueblo, se encuentran los famosos tijeretazos a Sanidad.

            Hace falta buscar calderilla contante y sonante, mucho menos que la concedida por todos nosotros a Bankia, para sanear, es un decir, la Seguridad Social. Y para ello hay que iniciar un barullo de mucho tomate en lo de las recetas: especialmente en los más desvalidos: los ancianos.

            La Consejería de Sanidad de la Junta de Andalucía ha confundido el omeprazol, pongamos por ejemplo, con una chuche que se le quita a un niño para que no se empache.

            Entre otro pastilleo, desean retirar del espléndido recetario oficial, casi todo lo relacionado con relajantes, sedantes y somníferos. De relajarse nada y de sedarse, menos.

            Vamos al encuentro del sufrimiento y del dolor a causa de la falta de originalidad para chequear al país, pero hay algo que puede ser muy peligroso para estos inútiles mandamases: si sustraen al personal los somníferos y sucedáneos, este pueblo va a permanecer despierto, con los ojos bien abiertos y esto, a la larga o a la corta, se paga en el recetario de las urnas


domingo, 27 de marzo de 2016

Tic-tac-tic-tac





Pasada la Semana Santa, el tiempo político sigue su inevitable transcurrir hasta formar nuevo gobierno o ir de nuevo a las urnas; las dos posibilidades no son de recibo para una buena parte de la ciudadanía, parte, por cierto, en la que me encuentro.

         Y aunque la afirmación realizada pueda parecer una broma más, les aseguro que lo digo con total seriedad. Estamos muy bien como estamos con el Gobierno en funciones, con nuestros Presupuestos aprobados, bajando la gasolina, sin recortes de por medio y con la gran alegría de que los mandamases no pueden meter las narices en nuestros asuntos más allá de lo realmente necesario.

         Vivimos, pues, un estado glorioso de anarquismo en auténtica paz ciudadana salpicada tan sólo por pequeños hechos surrealistas que, si fuésemos verdaderamente irónicos, nos deben hacer sonreír; cómo no hacerlo viendo a su majestad el “Kichi”, alcalde de Cádiz, ir encadenado de pies con su mamá procesionando al Nazareno tras el incidente del Pleno Municipal en el que  una pareja pedía ayuda del “podemista” para pagar parte del recibo de la luz; “la fe -dijo alguien- moverá montañas”, y hacia el Monte Calvario del siglo XXI marchaba el nazareno “Kichi”, el novio de Teresa, buscando ayuda a la divinidad para que a la pareja citada le alumbrase la oscuridad.

         ¿O no es un hecho surrealista que los exlegionarios que viven en algún pueblo catalán salgan de procesión?, pues claro que lo es, pero más cachondeo tiene que las autoridades, es un decir, le hayan exigido solicitarlo por escrito aduciendo su derecho a manifestarse; y así lo han hecho con una pancarta, además de un Cristo, en la que se leía: “Por el derecho a manifestar nuestra fe”, al tiempo que una periodista de La Cuatro daba la noticia, he aquí que en el ángulo inferior derecho según se ve la tele emergió la cabeza de un señor al grito de ¡Viva la Legión!, lo que costó un repullo a la periodista.

         Y no es bonito y sano y espectacular que la alcaldesa de la capital del Reino de España, la señora Carmena, abone a la comunidad china gran cantidad de euros para que celebren su Año Nuevo al tiempo que racanea calderilla a la Semana Santa madrileña.

         Y ahora qué, quién desea que no disfrutemos de estos espectáculos inéditos por la manía de Pedro Sánchez de formar gobierno y privarnos de esta gloriosa y santa anarquía.

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sábado, 26 de marzo de 2016

Se sigue buscando




No sé si fue revolucionario; incómodo, con toda seguridad. E inadaptable al mundo en que vivió: “mi reino no es de este mundo”, de esta sociedad. Nació en Belén, pero creció, trabajó, vivió y predicó en Galilea, región de gentiles, por ello era conocido despectivamente por “el galileo”. Fue ejecutado en Jerusalén, la ciudad santa.

            Buen judío, gustaba de rezar en sinagogas y lugares sagrados, pero en los dicho y hechos que sobre él se han escrito se narran momentos de oración en montes, desiertos, mares y entre olivos. Parecía ser amante de la naturaleza. Era cumplidor de la ley, “yo he venido a que la ley se cumpla”, pero tenía su credo particular; todavía hoy su credo sigue siendo particular. El oficial es otro.

            Subió a la montaña y repartió pan y peces entre los que le seguían y, lo más importante, nos dejó su credo, lo que creía. Y él creía en los pobres, en los que sufren, en los que tienen hambre y sed de justicia, en los que prestan ayuda y en los que trabajan por la paz. Con el tiempo otros hicieron el Credo oficial, y el suyo quedó convertido en una especie de obras de misericordia, un modo de ejercer la caridad, una manera de conseguir que algo cambiase para que todo siguiera igual.

            Empezó a molestar a los superiores políticos, religiosos y militares. Unas monedas derrumbaron un  Ideal. Fue hecho prisionero y pasó legalmente por algo parecido a un Tribunal de la Inquisición, el Sanedrín. Fue declarado blasfemo y condenado a muerte. El poder político, legalmente constituido, ejecutó la sentencia. La masa, mediante referéndum,  lo confirmó al grito de ¡crucifícale!

            Enterrado, comenzó a circular una extraña noticia: su sepulcro estaba vacío. Más tarde dijeron que había resucitado y que en verdad era el hijo de Dios. Desde entonces se busca incansablemente por unos y otros, por amigos y enemigos, pero muy pocos dan con él.

Se sospecha que puede estar entre los suyos, a saber: pobres y demás. Ya saben.

            Se asegura que no está entre oro, tribunas, poderes y fusiles. No sé.

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viernes, 25 de marzo de 2016

Plegaria de un Viernes Santo desde Málaga




Al paso de su Santo Sepulcro por el Pasillo de Santa Isabel, inmerso en la algarabía de un pueblo que silencia con sus voces los gemidos de la orilla del Perchel, me asomo al sentido y causa de tu muerte.

            No comprendo nada. Has quedado solo. De nuevo, poderes políticos y religiosos te han secuestrado. Te mecen y llevan de un lado a otro. Llegan generales, políticos y obispos; cornetas, tambores, himnos y banderas te rinden homenaje. El mendigo de la esquina espera que un denario se pose en la horquilla de la palma de su mano.

            El Santo Sepulcro avanza. El paso de los hombres que soportan tu peso es majestuoso. Una abuela de La Trinidad se santigua; unos novios se besan entre aromas de incienso; un musulmán ofrece pañuelos de variados colores; una lágrima de cirio nazareno copula el asfalto; una saeta suplica al cielo el milagro.

            Desde la esquina del tiempo sacudo mantos y túnicas, novenas e ídolos. ¿Por qué tú, hombre bueno de Nazaret, humilde artesano de libertades, has sido ejecutado por los poderes políticos y religiosos de tu época?

            El Fiscal Mayor del reino teocrático, el Sumo Pontífice, ha realizado la pregunta clave: “En verdad tú eres el Hijo de Dios”. Lo miras a los ojos. Contundente la respuesta: “Tú lo has dicho, yo soy”. Acabas de pronunciar tu sentencia de muerte. Has quebrado los dogmatismos establecidos para que pudiéramos proclamar sin miedo nuestro sueño de divinidad.

            La rica Tribuna de los Pobres silencia a tu paso. Te presiento en el silencio. La abuela de La Trinidad se incorpora de su silla de anea. Los novios se distancian. El hermano musulmán vuelve sus ojos a Ti. Dejo de mirar a los otros. Apago mi pensamiento y venero tu imagen. Quiero ser humano.

            El mendigo de la esquina sigue con su mano tendida. Una gota de cera taladra el rocío de su patena. Despierto. Me olvido de Ti. Voy a su encuentro y en él Te abrazo.