domingo, 11 de diciembre de 2016

Pedro en Asturias




En la actualidad cuando se dice Pedro a secas se sabe que es Sánchez, el ex secretario general del PSOE; y eso, aunque parezca poco, es bastante.

         Flaco servicio prestó el doctor “NO” a su partido cuando no dimitió ante las sucesivas derrotas electorales, dos generales y otro par de autonómicas, y tuvo que ser “rematado”, valga o no la expresión, en aquel famoso, por trágico, comité federal de los socialistas españoles.

         Desnudo de cargos va, al igual que los fantasmas, apareciendo con cuentagotas por algunos territorios españoles para engatusar a la militancia con cargas de profundidad contra la gestora de Javier Fernández y Susana Díaz como un modo de pasar un rato agradable al ser sobado por otros compañeros del partido que andan a “muerte” con sus interinos mandamases.

         Estuvo en un pueblo de Valencia y ahora ha hecho acto de presencia en Asturias, feudo del presidente de la gestora socialista, para seguir hablando de su fobia a Mariano Rajoy mientras soba el corazón de algunos militantes diciendo ahora, no antes, que ellos son el “hilo” para coser los remiendos del Partido Socialista Obrero Español.

         Ha reunido a menos de un millar de “sanchistas” procedentes del Principado, Madrid, Galicia y País Vasco, lugares los tres últimos donde Pedro recogió las derrotas más sonadas de su época de dirigente máximo del Partido y también donde todavía persisten las estructuras de poder socialista que él, sin contar con la militancia, intentó convertir en feudos de su nefasto poder político.

         Pero es que no tiene amigos, conocidos y familiares que aconsejen  a este gafe socialista que se retire de una vez y se dedique a otras cuestiones fuera de la política; o es que está jugando a que lo expulsen para, mediante una larga verónica, asentar sus reales en otro colectivo político.

         Está jugando con fuego, él lo sabe, pero sigue manteniendo esa actitud porque saben que los actuales dirigentes provisionales del PSOE tienen que achantar con las ocurrencias de Pedro; otra cosa sería con un Alfonso Guerra en sus buenos tiempos.


        

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