domingo, 18 de diciembre de 2016

Menos libros, menos libres




El libro es el objeto más sensual que existe, pues son los cinco sentidos los que se ponen en ejercicio a la hora de cobijarlo entre las manos: el oído con ese susurro lánguido de las páginas al ser pasadas con delicadeza, la vista en su largo recorrido por la hilvanada presentación de las palabras contenidas en él, el gusto, entendiendo por tal, el deleite que nos deja la degustación del contenido, el tacto, o sea, la rugosidad o suavidad del papel y también su peso y, por último, el olfato, en especial si nos encontramos ante un libro que huela a viejo, y no digamos nada si todavía conserva el aroma a tinta de aquellos caracteres de plomo que los hermanos Andrade, de la Antigua Imprenta Sur, colocaban con mimo en la plantilla a la hora de imprimir sus inigualables colecciones de poesía.

         Pero también, y más importante aún, es el ejercicio de esos cinco sentidos en la profunda búsqueda del contenido del libro: se percibe la audición de la historia o de la ficción, se visualiza la belleza del gozo y la esperanza o la tragedia de la injusticia y la miseria, se impregna nuestra sensibilidad con aventuradas respuestas al qué y al por qué de las innumerables cuestiones que siempre han conformado ese deseo de ser sociedades en evolución, se toca de cerca aquello tan lejano pero que sigue siendo y se huele, a poco que tengamos cierta sintonía con los signos de los tiempos, hacia donde conducimos nuestro sistema de valores.

         En sumo, una buena biblioteca es el mejor conjunto de amigos que podemos tener y el antídoto a la soledad, pues con ella, con sus ocupantes, nos sentimos más libres y mejor ensamblados con los saberes que han ido construyendo la actualidad que hoy vivimos.

         Pues bien, para desgracia de los malagueños, según un estudio realizado por la empresa 11811, Málaga es la provincia española que cuenta con menos librerías por habitante, ya que por cada 10.764 ciudadanos tan sólo posee una librería.

         A menos libros, menos libres y, por tanto, sujetos a la esclavitud del poder, de cualquier poder.

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