miércoles, 14 de diciembre de 2016

La nueva chabacanería política




Muy chunga se está poniendo la nueva política, no así la “casta” que mantiene una cierta compostura de saber estar.

         Lo que me faltaba por ver ha sido la última rueda de prensa que ha mantenido el líder de “Podemos”, Pablo Iglesias, con su magnífica camisa con mangas remangadas tirado por los suelos de uno de los salones del Congreso de los Diputados, que por cierto no es como atribuye algún medio el de “Los pasos perdidos”; éste  es el pasillo que rodea al hemiciclo y en el que se han efectuado grandes acuerdos; en él, algún día será público, mantuve una conversación con Adolfo Suárez de hora y media de duración, eso sí, los dos con corbatas y chaquetas como corresponde al sagrado lugar.

         Y una cosa es que Pablo, el amigo de Iñigo, se tire por los suelos como en un patio de recreo hace la chavalería para jugar a las canicas, y otra bien diferente es que los periodistas acompañen al chavó a convertir en un circo el Congreso; para ello hay muchas salas y salones, cafeterías y demás donde jugar al patio de mi casa es particular. Una cosa es ser presumido, o sea, pasarse de guapo y otra bien diferente es arrastrar los traseros por las maravillosas alfombras del mítico salón del numerito de marras.

         Pero a cochinos no hay quien gane a los antisistemas de las CUP que comparten pacto con la derechona corrupta de la antigua Convergencia i Unió de Pujol, Artur y el actual honorable Puigdemont; a los primeros, el personal de las CUP, les ha dado por quemar y guillotinar fotos de SM el Rey Felipe VI en nombre de la libertad de expresión y de la falta de una cierta delicadeza, vergüenza torera que se llama también, que debe imperar entre los padres de la patria, sea esta española o catalana.

         Un servidor es que no está acostumbrado, gracias a mis padres y a una cierta sensibilidad a flor de piel, a estas groserías que enturbian y pueden escandalizar a los más pequeños, por ejemplo a Iñigo y Pablo que mantienen una relación epistolar amorosamente extraña.

         En fin, confiemos que estas fiestas que se acercan, con Belén o sin él, con los Reyes Magos o Papá Noel, sirvan al menos para que este teatro ambulante que es la política mantenga una cierta dignidad.

         Creo que no es mucho pedir.



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