domingo, 11 de diciembre de 2016

Autoprólogo y justificación de "Ausencias" (XII)




Y lógicamente le respondí, al tiempo que realicé dos acciones más y una travesura: usar el copo de pepe, o sea,  darle una cierta publicidad a las cariñosas palabras de Remedios.

         Las acciones realizadas por mí fueron hablar con mi amigo Pepe Sarria y dar cuenta a los miembros de la Junta Directiva del tema. A Sarria, como Secretario de ACE-A, le comenté que reuniera a los miembros de la Junta para el 21 de septiembre, o sea, el día después de la entrega del Premio “Elio Antonio de Nebrija” a Antonio Hernández y comentamos, bis a bis, el email de Remedios; Sarria me dijo que Reme era clara y directa, pero sincera y que él, al día siguiente de la entrega del citado premio, dimitiría como Secretario de ACE-A. En ese instante comprendí que “todo el pescado estaba servido, atado y bien atado”.

         En la contestación que recibí de Remedios, de forma encubierta insinuó que un servidor era un dictador, cuando en la extensa carta que envió a los miembros de la Junta escribió literalmente: … no estoy dispuesta a estar en un equipo no legitimado por las urnas porque, al no vivir la dictadura por una cuestión de edad, no la concibo como forma de gobierno…, toma del frasco, y me dije: date por muerto.

         La cuestión fundamental para que me retirase de la Presidencia de ACE-A parecía, y de hecho fue así, que en mis columnas -mis queridos copos- criticaba a gente, políticos creo que quería decir, con los que luego tenía que sentarse a negociar. Y claro -escribía Remedios- el resultado de las negociaciones ha sido el que vemos, pues ha tenido salidas de tono nada diplomáticas, artículos poco atinados…


Y lógicamente le respondí, al tiempo que realicé dos acciones más y una travesura: usar el copo de pepe, o sea,  darle una cierta publicidad a las cariñosas palabras de Remedios.

         Las acciones realizadas por mí fueron hablar con mi amigo Pepe Sarria y dar cuenta a los miembros de la Junta Directiva del tema. A Sarria, como Secretario de ACE-A, le comenté que reuniera a los miembros de la Junta para el 21 de septiembre, o sea, el día después de la entrega del Premio “Elio Antonio de Nebrija” a Antonio Hernández y comentamos, bis a bis, el email de Remedios; Sarria me dijo que Reme era clara y directa, pero sincera y que él, al día siguiente de la entrega del citado premio, dimitiría como Secretario de ACE-A. En ese instante comprendí que “todo el pescado estaba servido, atado y bien atado”.

         En la contestación que recibí de Remedios, de forma encubierta insinuó que un servidor era un dictador, cuando en la extensa carta que envió a los miembros de la Junta escribió literalmente: … no estoy dispuesta a estar en un equipo no legitimado por las urnas porque, al no vivir la dictadura por una cuestión de edad, no la concibo como forma de gobierno…, toma del frasco, y me dije: date por muerto.

         La cuestión fundamental para que me retirase de la Presidencia de ACE-A parecía, y de hecho fue así, que en mis columnas -mis queridos copos- criticaba a gente, políticos creo que quería decir, con los que luego tenía que sentarse a negociar. Y claro -escribía Remedios- el resultado de las negociaciones ha sido el que vemos, pues ha tenido salidas de tono nada diplomáticas, artículos poco atinados…

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