domingo, 6 de noviembre de 2016

Los deberes escolares a debate




Ayer apareció por poniente nuestra hija Rosa Mary y comprenderán ustedes que todas nuestras atenciones, las necesarias, tendieron hacia ella para hacerla, si es posible, un poquito más feliz; la clave para lograr tal deseo es muy fácil y goza de secretos, el primero de ellos es poner en ejercicio la moviola, el pasado, y el segundo es comer ciertas delicadezas que, sin ser costosas, se salgan del común del día a día, o sea: del menú al que la “pastora” y un servidor de ustedes estamos acostumbrados.

         Poner en ejercicio el segundo de los deseos y conseguirlo es tarea fácil, basta con buscar una sencilla marisquería y degustar unos buenos mejillones, algunas gambas de la bahía, una media docena de conchas finas y algún detallito más que siempre cae. El primero, el de la moviola, ofrece alguna dificultad añadida pues hay que poner en ejercicio las cuatro o cinco neuronas activas que le quedan a uno y hablar de su infancia o la nuestra; no sé la causa por la que gustamos en esta familia de hablar de aquellos tiempos lejanos, pero debe ser porque tienen un cierto regusto al famoso “paraíso perdido” que nunca deseamos caiga en el absoluto olvido.

         Y fue en este ejercicio de recrear el pasado cuando salió a debate el hoy actual tema de los deberes escolares, ya saben esa serie de trabajos extraescolares que los profesores mandan a los alumnos para afianzar, deseo creer, la enseñanza que se imparte en las aulas.

         Fui requerido por la hija -qué bonito- si cuando yo niño los profesores me ponían deberes, y la verdad es que no me acordaba al detalle de tal cuestión; lo que sí recuerdo es la calle, la calle como elemento esencial de nuestros juegos de niños de la postguerra, claro es que sin coches y otros detalles que entorpecieran nuestras lindas travesuras de jugar al trompo, a la canicas, etc. También recuerdo como chaval “maestro de los de entonces” que un servidor no les colocaba a la chiquillería ningún aditamento más que esclavizara al alumnado más allá de las cinco horas carcelarias que pasaban en la escuela unitaria.

         Fue la EGB (El Gran Bulo) la que impuso la desaparición del Maestro, y emergió la del Tutor más una cuadrilla de especialistas que dañó aquella buenísima relación de la Autoritas y el Alumno; más tarde llegó la LOGSE para terminar en la LOMCE.

         Pero dicho lo anterior, tampoco está nada bien que papás y mamás convoquen una huelga contra los deberes escolares en casa; lo mejor es el diálogo.

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