sábado, 5 de noviembre de 2016

Gobierno




Bueno o malo ya tenemos Gobierno. Me ha sorprendido ante la formación de él que buena parte de la oposición haya manifestado que simple y llanamente, a falta de razonables argumentos críticos,  es un gobierno de Rajoy; no sé si los críticos esperaban un gobierno de Rivera o de Pedro Sánchez o de Pablo Iglesias o de Alberto Garzón o del señor Rufián. Por otra parte sorprende la balacera de críticas al ejecutivo a los cinco minutos de saberse los nombres y apellidos de sus integrantes, ya saben, que si puro continuismo o que no va ser dialogante, que si ya tienen preparadas las tijeras y pobrecitos los pensionistas, que si todos sus componentes son amigos del “apestado” (ignoro si otro presidente hubiese colocado a algún enemigo).

         No tienen ustedes, queridos lectores, esa extraña sensación de que a falta de buenas razones por parte de la oposición ésta, la leal oposición, se está comportando como una chiquillería que grita a rabiar cuando sale al patio de recreos.

         Con esta forma tan “seria” de criticar a los que nos van a gobernar se puede tener la sensación de no poder llegar jamás, me refiero a la oposición, a desbancar al “gallego”.

         Alguien podría haber dicho que la continuidad de Guindos y Montoro es fiel reflejo de que se va a seguir con la misma política económica, esto ya es más serio aunque comprendo que existan personas y entidades que estén de acuerdo con esa política económica y otros, seguro que los más, en contra.

         Vale que no se espere a que transcurran los primeros cien días, ya saben, los del protocolo, pero por lo menos que la protesta se inicie con la presentación de los Presupuestos Generales del Estado y sus posibles enmiendas a la totalidad o a diferentes capítulos del mismo.

         Pero qué va, nosotros somos intransigentes desde el primer momento, y  así nos va por demasiado listos.

         Tranquilidad, esperemos, estudiemos, confiemos en que se van a equivocar de aquí a poco y, en ese momento, leña al mono sin piedad; aunque una vez dicho lo anterior, lo mejor sería que no erraran ni una sola vez.

         En fin, España.

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