lunes, 14 de noviembre de 2016

Eso de los populismos




Desde que Trump consiguiera hace unos días la Presidencia de los Estados Unidos de América con “delicadas” promesas, tenemos a medio mundo hablando del peligro del populismo político; a ciencia cierta creo que no llegamos a entender bien este fenómeno político en cualquiera de sus posibles dos vertientes, a saber: de izquierda o derecha; pero un servidor que de esto, como de la mayoría de las cosas, sabe bien poco, se huele que este acontecimiento que parece renacer es fruto de la más pura demagogia, o sea, decir al pueblo, al electorado, lo que desea escuchar.

         Por poco que intente uno poner en ejercicio la facultad de pensar, caerá en la cuenta que el populismo es un subproducto del caudillaje, quiero decir de las dictaduras sean estas siniestras o diestras, de las que se diferencia en el arma a utilizar: la cháchara o la balacera.

         El trío que encabeza la fortaleza europea -Italia, Francia y Alemania- se enfrenta en cuestión de poco tiempo con la posibilidad de vérsela con este fenómeno y salir malherido en la confrontación,  es cuestión de esperar en este caso a que los populismos llamados de derecha puedan zurrar de lo lindo, o al menos atemorizar, a los clásicos colectivos socialdemócratas y democristianos.

         España, por ahora, parece a salvo del populismo de los de arriba y abajo, pero está ahí acechando para asaltar el cielo del poder y abrir el candado del 78, aunque no existe mayor peligro para este país que el populismo de los nacionalismos independentistas.

         Lo que se dice vivir a la vuelta de la esquina un claro populismo lo tuvimos por tierras malagueñas, más en concreto en el corazón de la Costa del Sol, Marbella, en los tiempos de las mayorías absolutas de Jesús Gil; mayoría la primera conseguida con un simplón vídeo en el que avisaba a los marbellíes que él se presentaba a la Alcaldía para ganar dinero -desde luego que no engañó- y para limpiar la ciudad de rameras y pedigüeños. Y cumplió sus objetivos, pues las primeras fueron expulsadas de Marbella y los segundos desaparecieron por “arte de magia”; además, al carro se apuntaron personajes pintorescos de la política clásica.

         Cuando Gil, el populismo, abrió sus tentáculos abarcando Ronda, La Línea, San Roque y se adentró en Ceuta, el “sistema” comprendió su peligro y fue por él; tal vez, salvando la distancia, pueda ocurrir lo mismo en EEUU si Trump se empeña en que América es para los americanos.


        

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