lunes, 28 de noviembre de 2016

El dolor andaluz




Esta sociedad camina hacia el dolor; sufrir ya lo hace. No es lo mismo dolor que dolerse; cuando uno se duele a sí mismo, sufre. Dicen los místicos de todos los tiempos que el sufrimiento, bien llevado -vaya usted a saber cómo se hace eso-, hace a la persona más fuerte. También se sufre al observar el dolor de los demás o ante el aliento que algunos necesitan para seguir tirando del carro; dejemos claro, por tanto, que sufrir, lo que se llama sufrir, es un mal generalizado en este valle de lágrimas.

         Lo del dolor es harina de otro costal, si es de muelas para qué vamos a hablar y, si por casualidad, es el dolor de corazón que, según la Iglesia debíamos sentir para hacer una buena confesión, apaga y vámonos.

         Ahora, vuestros gobernantes -yo soy rancho aparte- andan recortando toda clase de especies, desde sueldos a dignidad. Entre las más discutidas por el sufrido y sumiso pueblo, se encuentran los posibles tijeretazos a Sanidad.

         Hace falta buscar calderilla contante y sonante, mucho menos que la concedida por todos nosotros al sistema bancario para sanear, es un decir, el sistema de Salud Pública de Andalucía. Y para ello hay que iniciar un barullo de mucho tomate en lo de las recetas: especialmente en los más desvalidos: los ancianos, y en la “juntera” de hospitales públicos.

         La Consejería de Sanidad de la Junta de Andalucía, ha confundido el omeprazol, pongamos por ejemplo, con un chuche que se le quita a un niño para que no se empache.

         Entre otro pastilleo, desean retirar del espléndido recetario oficial, casi todo lo relacionado con relajantes, sedantes y somníferos. De relajarse nada y de sedarse, menos; pues gracias.

         Vamos al encuentro del sufrimiento y del dolor a causa de la falta de originalidad a la hora de chequear al país, pero hay algo que puede ser muy peligroso para estos inútiles mandamases: si sustraen al personal los somníferos y sucedáneos, este pueblo va a permanecer despierto, con los ojos bien abiertos y esto, a la larga o a la corta, se paga en el recetario de las urnas.

         Buena prueba de ello son las grandes manifestaciones de ayer en Málaga, Granada y Huelva  contra la política sanitaria de la Junta de Susana, oh Susana.


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