domingo, 20 de noviembre de 2016

El día anterior




Mañana será otro día, pero hoy es su víspera, o sea, cuando se saborea lo que pueda suceder. De momento sabemos que mañana lloverá a cántaros, lo que es una estupenda noticia después de la sequía que por estas tierras del sureste andaluz estamos padeciendo; y con ella, con la lluvia, llegarán otras noticias.

         Dicen los expertos en felicidad que hay que vivir el día a día, sin preocuparse del mañana, es lo que se conoce por el sobado “carpe diem” que muy pocos ponen, o ponemos, en práctica; un servidor, que es un pesimista contagioso, desea adelantarse al mañana, que es el día grande, el de la despedida, y ensalzar la víspera y vivirla a tope.

         Podría ocurrir que mañana, que es el día que tengo previsto para protagonizar un hecho, se diluya en un posible o deseo que podría no cumplirse y, por ello, me recluyo en su víspera para soñar; tal vez porque no tenga donde reclinar la cabeza o porque no desee hacerlo, vaya usted a saber, yo me lo guiso y un servidor se lo come mediante la ensoñación.

         Ya he recibido las primeras disculpas, lógicas por el aguacero previsto para la fiesta de la palabra, ¡oh la palabra!, el verbo que se transformó en luz; y lo comprendo perfectamente en este mundo que huye de la palabra que anuncia la verdad.

         Las personas no deseamos escuchar verdades, no interesa a nadie que alguien escudriñe en sus conciencias; nos sentimos perfectamente idiotizados en el paraíso de nuestro territorio conocido, a saber: la estupidez. En él andamos con desenvoltura, y si somos de derechas atizamos a los de izquierdas y viceversa; y es que tu verdad no interesa, sino mi certeza.

         Es por eso que soy feliz el día anterior a que arroje mi antifaz delante de todos, porque después de que me desnude ante ellos pueden salir escandalizados y/o avergonzados.

         Por todo eso me recreo en el día anterior y porque es el mío; mañana será el de ustedes.


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