miércoles, 30 de noviembre de 2016

Autoprólogo y justificación de "Ausencias" (VI)




.... Seguro que fue por Papel Literario que Romero Márquez y este que se autoprologa fuimos invitados a Granada para asistir a la fundación de la Asociación de Críticos Literarios de Andalucía.

Más de un centenar de escritores llegados de toda España, aunque en gran medida de Andalucía, acudieron a la llamada; allí conocí la corriente poética llamada De la diferencia, que mantenía una “guerra literaria” contra la predominante De la experiencia, pero esencialmente tuve la gran oportunidad de conocer al poeta Antonio Hernández que, por lo que tiene la poesía de subjetiva, considero forma parte del póker de poetas con más prestigio actualmente, y que junto a Claudio Rodríguez, escribieron en la segunda mitad del siglo XX las dos mejores obras poéticas, auténticas catedrales de la poesía, a saber: Don de la ebriedad de Claudio y Sagrada forma del citado Antonio.

Pues bien, Hernández fue elegido, en el transcurso de la Asamblea, Presidente de la Asociación de Escritores de Andalucía y él sabrá la razón, la ignoro yo, por la que me apuntó con el dedo para, con el cargo de Vocal Adjunto a la Presidencia, formar parte de la Junta Directiva.

Aquella designación, aprobada en Asamblea, no fue bien acogida por el triunvirato de Papel Literario, y menos aún que formase parte del primer Jurado de Poesía de dicha Asociación, especialmente por parte de Romero Márquez que creía, con toda razón, gozar de más conocimientos literarios que un servidor, hecho cierto a todas luces, pero las cosas fueron así; y por ello quedé como máximo responsable del travieso Suplemento que, junto a Cuadernos del Sur, vino a convertirse en una especie de brazo armado de la escuálida, aunque arrojada, corriente poética De la diferencia frente a la todopoderosa De la experiencia, comandada por Luis García Montero y sus acólitos Carlos Marzal y Benítez Reyes, entre otros muchos afamados y aplaudidos vates pelotilleros.

Por aquellos tiempos, tal vez por haber sido Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación por nombramiento del Consejo de Ministros cuando por la madrileña calle San Jerónimo entraba y salía del Congreso por aquello de ser Diputado (menos el día que no tuve más remedio que permanecer en el recinto durante  dieciocho horas a causa de Antonio Tejero, teniente coronel de la Guardia Civil, que le cogió cariño al lugar y que, gracias a ello, escribí un librillo titulado 18 horas con Tejero), “casta pura” que diría hoy Pablo Iglesias, por aquellos tiempos, decía, fui elegido vicepresidente del sacrosanto Ateneo de Málaga, siendo presidente del mismo Jesús Pérez Lanzat, Chumi para los amigos, que me responsabilizó de llevar la Vocalía de Poesía, con la que inicié una colección de poesía bajo el nombre de Así concebí mi obra, colección codiciada hoy por numerosos buscadores de pequeños cuadernos con olor a plomo y sabor a tinta, y de la que se publicaron dieciocho ejemplares iniciando la misma el conocido poeta malagueño Álvaro García...

  Continuará                                                                                                                                    

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