viernes, 25 de noviembre de 2016

Autoprólogo y justificación de "Ausencias" (I)



“¿Naufragios? No, nunca he tenido alguno.
Pero tengo la impresión de que en todos
mis viajes he naufragado.”

Pessoa


Reconozco que es muy difícil encontrar un prólogo a una obra poética realizado por el autor de la misma.

Esto de la poesía tiene una cierta mandanga, no ocurre lo mismo que con la narrativa donde todavía no ha caído en mis manos una novela prologada, lo que parece decirnos que la poesía tiene una mayor dificultad de ser entendida por el lector que, según mi peculiar punto de vista, debe ser el que arroje a la piscina el poemario o la asuma con cierta complacencia.
        
A ello hay que añadirle que tal vez por ser quien soy o cómo soy, sea de gran dificultad para un servidor de ustedes, y en parte de mi verdad, encontrar algún crítico literario -no confundir con cítrico- que se apiade de mi soledad poética para hincarle el diente a estas palabras de Ausencias”.

Nunca he leído un prólogo de poesía que ponga a parir los versos del  poeta, lo que nos podría llevar a la conclusión que toda poesía prologada es buena o buenísima, o bien que entre el crítico y el poeta existe una gran amistad y que, por ello, no le va a hacer una trastada a su amiguito del alma, pues hasta ahí podríamos llegar.

Y aunque pocas, tengo algunas personas que considero amigos -hecho que lamentablemente podría no ser recíproco- y son grandes críticos literarios, o sea, de gran rigor y no como esos de plantillas que con leer la solapa o un poema redactan un prólogo cum laudem, o sea, sobadores de autores.

Más aún, durante veinte años y un par más de ellos he sido miembro de la Asociación de Críticos Literarios de Andalucía y “vocal adjunto” a sus dos presidentes, Antonio Hernández y Morales Lomas, además de amigo de buena parte de sus miembros, especialmente de aquellos (Clementson, Sarria, Bellveser, Antonio Enrique, Quiroga Clérigo, Juana Castro, Curro Fortuny, Juanjo Téllez, Pedro J. de la Peña, Barreras, Pilar Quirosa, Rosa Díaz, y los fallecidos Manuel Urbano, Domingo F. Faílde y Rafael de Cózar; entre otros.) con los que compartí el fallo como jurado de los Premios de la Crítica de Andalucía durante ese espacio de tiempo, hasta que el pasado año fui apartado o depurado de dicha responsabilidad, no sé si por mi ignorancia del tema poético; aunque no fue esa la causa, pues según me dijo el Presidente en la última Asamblea de socios, celebrada en Málaga, era porque “mi presencia  tensionaba”; no sé realmente lo que quiso decirme, pues no recuerdo ni una sola discusión en los debates que, alrededor de una mesa, se entablaban entre los integrantes del Jurado.

                                                                                                                Continuará

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