viernes, 28 de octubre de 2016

Las virutillas de ayer




Tras asistir a tres galenos bien diferenciados, pero vecinos en sus especialidades y a la espera de resultados tenía dos opciones, la primera disfrutar, en la medida que los permitiera la falta de mielina de mis extremidades inferiores, con dar un paseo por la bocana del puerto y echar un cigarrillo mirando al mar, o regresar rápido y en taxi para saber lo que se estaba cociendo en el Congreso de los Diputados; si fuese una persona normal me hubiese marchado a poniente para disfrutar de un maravilloso día, pero al no ser normal paré un taxi y marche a casa para vivir la cruda realidad que, no lo niego, me encanta, y cargué entre las pocas neuronas que van quedando todo lo que ocurría en ese lugar, medio sagrado y medio infernal, donde transcurrieron cinco años apasionantes de mi existencia por este mundo que ya tiende a desaparecer de mi vista.

         De oratoria parlamentaria entiendo algo, lo suficiente para afirmar que el gran vencedor del debate fue el “apestado” Mariano Rajoy que, con su “autoritas”, en el auténtico asalto del tú a tú sin casi papeles por medio y sin tomar un sorbo de agua -dice mucho de su tranquilidad- fue liquidando a sus dos grandes adversarios de ayer, a saber: Pablo Iglesias y el señor Tardà.

         Otros se auto inmolaron ellos solitos, especialmente Alberto Garzón cuando le echó en cara a Rajoy la pérdida de votos en las elecciones y él, Garzón, había contribuido a la pérdida de un millón de votos con Unidos Podemos y la volatilización de las siglas IU en las que se encerraba el histórico Partido Comunista de España que lo ha borrado del mapa. No quiso ser cruel Rajoy con Alberto, y lo trató como a un chiquillo de primaria.

         La retranca apabullante que sostuvo con Pablo Iglesias fue de tal maestría que el de los Círculos Morados no dejaba de beber agua ante la sequedad de su gaznate y, aunque tiene recursos demagógicos a toda pastilla, no le sirvieron de nada ante las cachazas del Notario.

         La entrada que le hiciera al diputado de Esquerra Republicana señor Tardà, después de que este le echase en cara su teoría del “miedo”, invitándole a que buscase un vídeo de su intervención y lo visualizase, al tiempo que fuese sincero y dijera si le daba miedo verse asimismo fue de antología, porque de antología era el rostro de terror que irradiaba el tal Tardà.

         Hay muchos días para ir al Puerto, pero son pocos en los que se puede disfrutar con la palabra frente a la fácil demagogia.

         Y no piensen mal, por favor.


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