jueves, 20 de octubre de 2016

La mano que mece la cuna




Estoy seguro que Pablo Iglesias no ha ido uno por uno reclutando a los ·aguerridos” jóvenes que han blasfemado uno de los templos de la palabra, la Universidad, para, por los buenas o las malas, silenciar o boicotear las intervenciones de Felipe González y José Luis Cebrián en un curso que se está celebrando en la Autónoma de Madrid.

         E igual que afirmo lo anterior, me apunto a sugerir que su radical discurso de hace unos días en el que  afirma que “el asalto al poder” hay que realizarlo desde las instituciones oficiales y la calle ha calado en minorías anárquicas que, a toda pastilla y con máscaras, se han apuntado a reventar antidemocráticamente el citado acto.

         “A río revuelto, ganancia de pescadores”, y el río de la convivencia normal, la de contraponer ideas mediante un diálogo civilizado, está haciendo aguas; aquí, en España, no cuesta mucho trabajo encender una mecha para que el tinglado explote y todo se vaya al lugar donde usted piensa en estos momentos de la lectura de estas líneas.

         Sacar músculo en política no es ser más fuerte físicamente que el adversario y éste, el adversario, no tiene por qué ser el enemigo al que hay que tumbar de mala manera; sacar músculo en política es fortalecer la razón y la tolerancia, armas muy necesarias para practicar la convivencia desde la lógica diferencia.

         Anda algo incendiario, pero sin más lanzallamas que su palabra con sabor a dinamita, el “amigo” de Iñigo Errejón, en esta nueva etapa que de aquí a nada va a dar comienzo en la patria, y digo patria porque a Pablo, igual que a Maduro, gusta de esa palabra tan en baja forma en otros momentos de nuestra historia contemporánea, pero a la que él otorga otros principios con la nueva teoría del “bartolito”, ya saben, eso de los de “arriba” y los de “abajo”; por cierto que él y sus monaguillos están bien arriba tanto en saberes como institucionalmente.

         Tiene Pablo mucha asignaturas pendientes, pero a un servidor le gustaría que obtuviese matrícula de honor en la que está más próxima, a saber: ser oposición constructiva y útil para los intereses de los de “abajo” y respetuoso, pero más todavía, con el resto.


        

        



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