lunes, 3 de octubre de 2016

El "Guadiana" católico




Existe un organismo, no sé si religioso o no, que se ha dedicado a encuestar a la población española sobre la religión a la que pertenece. Vaya por delante que esto de los sondeos tiene su morbo especial, personalmente tengo que confesar que jamás he sido encuestado oficialmente por nadie; extraoficialmente en muchísimas ocasiones.

         Soy de los que creo que no existe lugar más adecuado para encuestar que el ascensor del bloque de pisos donde uno vegeta, pues la mayoría de los vecinos saben, sabemos, de que leche somos cada uno, a veces con observar la ropa tendida que puebla el ojo de patios es suficiente para llegar a conocer la más estricta intimidad; pues bien, todos los que coincidimos en la caja que sube y baja somos católicos a nuestra mejor manera y forma de entender los entresijos de la religión católica.

         Sin embargo, los expertos en sondeos tras publicar el resultado del encuestazo religioso han publicado el siguiente titular: “los católicos aparecen y desaparecen más o menos como el Guadiana.”

         Según los datos se declaran católicos el 76% de la población, y dado que casi siempre, a excepción de las macroencuestas que realiza el Centro de Investigaciones Sociológicas, existe un error de más o menos un 3%, podemos afirmar que el núcleo católico mantiene su intensidad en España; ahora bien, cuando el experto pregunta al encuestado si asiste a misa los domingos y fiestas de guardar, el número desciende a un 16%.

         Lo más importante del sondeo, opinión muy personal, es que la gran mayoría de los españoles no abjura de su fe, aunque ésta, la fe, puede adquirir aspectos bien diferenciados, a saber, católicos a secas, beatos, practicantes, creyentes o sencilla y extraordinariamente cristianos.

         Dado que un servidor no puede opinar o escanear la fe de ustedes, les cuento mi progreso en ella: fui Tarcisio distinguido en la niñez, después un “bala” de mucho cuidado, más tarde me encontré con el mensaje evangélico, y ahora, cosas de la edad, creo en la Virgen del Carmen y en “que debe haber algo”, cuestión esta última, la del “algo”, con la que muchísima gente está de acuerdo conmigo.

         Y es que con fe o sin ella nos cuesta “un rato” creer que desaparecemos del todo cuando nos llegue la parca; con lo bueno que sería creer en el sueño eterno; uf, qué maravilla.



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