viernes, 2 de septiembre de 2016

Votado y vetado




Felipe González está que se sale; primero da consejos a los exsuyos, pero estos ya ni caso y ahora va a por los otros que tampoco parece que lo escuchen con seriedad. Es el problema de los que fueron algo mientras  ejercieron, pero que pasado un tiempo han pasado a no pintar nada en el panorama político, panorama que se puede generalizar a cualquier campo de la vida, si lo sabrá un servidor por pura experiencia.

         Exceptuando a Adolfo Suárez, vilipendiado mientras ejerció de Presidente de Gobierno, aplaudido por una minoría cuando fundó el CDS y exaltado a las cumbres de la historia cuando su declive físico, el resto de los expresidentes, a saber, Felipe, Aznar y Zapatero (no menciono al irónico Leopoldo Calvo Sotelo por su breve mandato) no son bien aceptados por la ciudadanía.

         Tras haber escrito algunas opiniones sobre la sinrazón que parece transportar Pedro Sánchez en la mochila del NO, a las que los más próximos al líder actual del PSOE no han prestado la más mínima atención, eso sí con el debido respeto, González gira a la derecha y recomienda al Partido Popular que cambie de líder si Rajoy fracasa en su intento de ser investido por el Congreso de los Diputados, olvidando que los guardianes más fieles de Pedro, Hernando y Luena, y él mismo han vuelto a repetir por activa y pasiva que mantendrán su NO al PP sea quien sea su candidato.

         Felipe afirma que Rajoy ha sido el más votado por parte del pueblo español, pero añade a continuación que también es el más vetado por los partidos políticos; un bonito juego de palabras que tiene mucho que ver con la democracia parlamentaria, pero poco, muy poco con la democracia a pelo, o sea, la no adjetivada, vamos, con la auténtica.

         Todo parece indicar que a la hora en que escribo estas líneas la investidura lleva camino de ser un fracaso y que, por tanto, las terceras elecciones está a la vuelta de noviembre; pues no pasa nada, amigo Felipe, a votar todas las veces que sea necesario hasta que se produzca el milagro que nadie desea, que algún partido obtenga el bingo que le permita gobernar en solitario.


        

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